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martes, 7 de junio de 2011

Buen día, mala época (Hay que acabar con la mediocridad). Un post de Gustavo Faverón Patriau.



Ayer, Gustavo Faverón publicaba en su blog “Puente Aéreo” (http://www.puenteareo1.blogspot.com) el post que a continuación replico para ustedes:

Mirando los resultados electorales, uno se encuentra un número de verdades evidentes, que, de tan visibles, hieren.
Una es que una gran porción de las clases altas limeñas, que en el pasado apoyó a diversas dictaduras, a lo largo de décadas, incluyendo a la dictadura de Alberto Fujimori en los noventas, sigue empecinadamente enamorada de las soluciones autoritarias.
Otra es que un elevado porcentaje de la población limeña no sólo olvida consuetudinariamente la situación económica y de miseria social del resto del país, sino que no teme mantenerla, ahondar el centralismo, la desvinculación de la capital y el interior, que nace de la incapacidad de reconocer los problemas de los otros. Lima está conforme con el falaz crecimiento de una parte de su propia economía y los reclamos que vienen del resto del país no la conmueven.
Ante la victoria de Ollanta Humala hay quienes deseamos que su gobierno sea conciliador y concertador. Los parásitos de la televisión, anoche mismo, estaban ya deformando esa noción, convirtiéndola en una idea de "reconciliación" con "ese 50% de electores que preferían el fujimorismo". Esa, si no es una falacia o una simple mentira, es al menos una deformación maniquea de la realidad (la mitad de quienes votaron por Keiko Fujimori ayer no votaron por ella en primera vuelta).
El gobierno de Humala debe concertar, sí. Pero eso significa una negociación con todas las fuerzas democráticas del país, que son las que garantizarían la eliminación del riesgo autoritario. ¿Qué cosa pueden aportar los actores de la dictadura fujimorista a esa coalición? ¿Qué valor democrático se reafirmaría colocando al presidiario Alberto Fujimori o a sus testaferros en la mesa de negociaciones?
Más de un 30% de los electores peruanos prefirieron a Humala en primera vuelta, con su discurso al estilo Lula da Silva, con su versión moderna y puesta al día de una propuesta de izquierda más o menos moderada. Un 20% más, en segunda vuelta, prefirió eso antes que el regreso de la dictadura. El mandato de Humala, entonces, es claro:
Debe gobernar desde una izquierda moderada. Pero no debe, de ninguna manera, convertirse en ninguna de las dos cosas que la mayoría de los peruanos han rechazado a lo largo del proceso: ni un presidente rutinario, que se dedique a administrar la medianía sin expandir la agencia y el bienestar de los más pobres ni diversificar la economía del país; y no debe, de ningún modo, transformarse en un autócrata violentista y avasallante como lo fue Alberto Fujimori y como lo iba a ser, sin la menor duda, Keiko Fujimori, como títere de su padre y de su mafia.
La elección de Ollanta Humala no me deja feliz, claro. Hay muchas otras cosas que serían necesarias para la felicidad de los peruanos. Pero estoy convencido de que el resultado de ayer era el requisito necesario para el logro de todas esas cosas. Nada bueno hubiéramos conseguido recolocando a un criminal convicto en el poder, ni directamente ni por intermedio de sus herederos políticos.
Quizá, con el tiempo, quienes hoy se pasean por las calles del Perú con el hígado en la mano, lamentando la derrota de una banda de delincuentes, entiendan eso. Quienes hoy miran con ira a los votantes de Humala, deberán comprender que esos millones de peruanos les han salvado la dignidad por los próximos años. Pero, en el futuro, deberían aprender a salvársela solos: es inaceptable y vergonzoso que una masa numerosa de ciudadanos pretenda depositar el porvenir del país en manos de criminales y socios políticos de criminales. Se llama complicidad.
El fujimorismo no es un valor en el espectro político peruano, sino una mácula. En los próximos años intentará, porque eso es lo que le queda ahora, transformarse en una fuerza partidaria perdurable. La observación la hizo anoche Steve Levitsky en una entrevista televisiva (y Jaime de Althaus se cogió de ella para consagrar al fujimorismo como uno de los ejes duraderos y legítimos de la nueva política peruana). Si eso ocurriera estaríamos enfermando nuestra política por muchos años.
Un partido cuyos móviles son el delito, el robo, el asesinato, el abuso de los derechos humanos y la posterior excarcelación de los perpetradores, y que ni siquiera tiene el pudor (ni la inteligencia) para ocultar esos móviles detrás de la articulación de un sistema de ideas, es ponzoñoso, es una herida abierta. O es, peor aún, la marca supurante de la descomposición de otras heridas abiertas: la desmoralización de nuestra escena pública, la devaluación de nuestros marcos éticos, el hundimiento de nuestros sistemas de valores.
La parte de la sociedad peruana que ha rechazado al fujimorismo democráticamente, que se ha movilizado para rechazarlo mediante la acción elemental de depositar votos para expresar su voluntad, sin orquestar inmundas campañas de desprestigio, sin caer en los métodos del fujimorismo, no debe perder esta oportunidad para dejar en claro, meridianamente, que ayer el fujimorismo ha sido derrotado, no importa por cuán estrecho margen. En la elección más crucial que ha enfrentado esta generación de peruanos, la dictadura pasada y la potencial han sido sofocadas, rechazadas, puestas en su sitio.
Ese sitio no es el escaño de una negociación pendiente. Alberto Fujimori está en la cárcel: ese es su sitio. Montesinos está en la cárcel: ese es su sitio. Keiko Fujimori está corriendo a la prisión a llorar en el hombro de un criminal: ese es su sitio. El elenco de prepotentes fujimoristas que han regresado al parlamento son una resaca del pasado, y así deben ser vistos. Y la siguiente ola debe limpiarlos, debe limpiarnos de ellos.
Hoy es un buen día. Pero en la historia política de los países, los buenos días no aseguran la bondad de los días futuros. Humala tiene muchos aliados, y no todos serán positivos; tiene muchos rivales, radicales o circunstanciales, y no todos querrán cooperar en la construcción de una mejor sociedad. Tiene muchos observadores, muchos que votaron por él y comprometieron su vigilancia: esos son los que más valdrán a la larga. Porque Humala tiene dentro otro rival más grande: el Humala anterior, el de las ideas trasnochadas y los planes catastróficos.
Y Humala también tiene, en el fujimorismo, un enemigo corrupto, de todos los tipos de corrupción, que debería ser visto como el peligro común, para los que quieren ayudar a Humala y para los que esperan que Humala haga un gobierno que esté por encima de las expectativas, buenas y malas, que ha generado. ¿Qué tiene a su favor? Una cosa sobre todo: el respiro que significará verlo jurar este 28 de julio sabiendo que en su lugar pudo haber estado el terrible fantasma del pasado, el grotesco fantasma de la vieja dictadura.
Salimos de esta primera encrucijada; ojalá no se repita la amenaza nunca más. El Perú merece que el año 2016 no haya un Fujimori en una segunda vuelta, ni un Alan García. El Perú merece partidos serios y tiene poco tiempo para construirlos. Esa construcción debe generarse, sobre todo, fuera del parlamento, donde se congregarán por cinco años más las sombras de caudillaje, las sombras del clientelismo, las sombras de la corrupción y del personalismo. Ya es tiempo de volver a ser un país, si alguna vez lo hemos sido, y dejar las payasadas para el circo.
Una sola cosa más. Nuestra verdadera revolución llegará por la educación. El Perú insiste en verse a sí mismo como el país de los mediocres gacetilleros al estilo de Aldo Mariátegui, los panfletarios sin escrúpulos al estilo Jaime Bayly, los clowns irremisibles al estilo Raúl Romero, los propagandistas bajo la mesa al estilo Nicolás Lúcar.
El Perú no es eso. Y si lo es, no debe serlo. El Perú debe volver a ser el país de José María Arguedas, Manuel Gonzalez Prada, Clorinda Matto, José Carlos Mariátegui, César Vallejo, Martín Adán, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, Blanca Varela; el país de Unanue, Leoncio Prado, Miguel Grau, Micaela Bastidas, Francisco Bolognesi, María Helena Moyano.
La fujimorización mató a ese país, tras mucho tiempo en que la sociedad oficial lo mantuvo malherido, convirtiendo a esas imágenes en retórica hueca y en figurillas de álbum. Detrás de esos nombres están las ideas que nos redimirán. Hay que volver a esos nombres, a esos libros, a esos ejemplos. No somos un país de mediocres; no tenemos que convivir para siempre con toda esta mediocridad.

lunes, 6 de junio de 2011

Vuelta y Vuelta (resaca post-electoral)




Puede que mis razones sean fácilmente descalificadas por quienes no piensan como yo, lo que no me molesta en lo más mínimo.
Ayer domingo voté como la mayoría de peruanos y creo que es histórico que el candidato (en este caso, la candidata) que obtuvo la mayoría en la capital Lima no sea quien ganó, lo que debe llamar a reflexión a los que ahora están con un repentino ataque de nervios: el continuo menosprecio de lo que ocurre en el resto del país (sierra y selva, principalmente) tarde o temprano tiene su consecuencia. Causa – Efecto que le dicen.
No iba a votar por Fujimori jamás, recuerdo cada uno de los titulares que ese clan compró y la sangre derramada. Recuerdo el desprecio por la vida, aunque recuerdo también la generosa valentía de los jóvenes en la marcha de los Cuatro Suyos.
Recuerdo cuando La Oveja Negra se vistió de rebeldía y solidaridad.
Confieso que el triunfo de Ollanta Humala no me entusiasma y espero que desarrolle políticas inclusivas que reconcilien al país y no lo fragmenten más de lo que ya está.
Estoy orgulloso del suelo donde vi mi primera luz, no creo que irse sea la solución – como muchos amenazan desde el Facebook – ya que lo que hace grande a un país es la gente que lucha día a día desde su trinchera, tanto por los suyos como por los demás.
Celebro que aquí ganó la dignidad y la memoria. Bien por el Perú.
Éste no es un cheque en blanco Comandante, úselo con prudencia y serenidad.

jueves, 26 de mayo de 2011

Si ya decidiste votar por KF, por favor sé coherente y suscribe esto (Eduardo Adrianzén)

Eduardo Adrianzén nació en Lima en 1964, es escritor de televisión desde 1985 y dramaturgo desde 1995. Muchos lo deben recordar por su papel en la película “La Ciudad y los Perros”, adaptación cinematográfica del libro del hoy Premio Nobel Mario Vargas Llosa.
El que a continuación publico es un texto que tiene su autoría y que ayudará a reflexionar acerca de la decisión tomada o por tomar para el próximo 5 de junio.
El Perú atraviesa un proceso electoral sui géneris que descubre poco a poco los verdaderos rostros de gente que enarbolaba principios en el cafetín (o en el pub o en la universidad y hasta en la calle) y ahora pospone los mismos para evidenciar su metamorfosis fujimorista.
Lo siento, como se habrán dado cuenta éste no es un blog imparcial.
Léase de preferencia antes de dormir…


Si ya decidiste votar por KF, por favor sé coherente y suscribe esto

1) Que aceptas que el miedo es el sentimiento que más rige tu vida.

2) Que te gusta y/o avalas el lema "que robe, pero que haga".

3) Que no te importa y/o te gusta que KF grite en su mitin "que nuestros aplausos se oigan hasta la Diroes". Así que, por favor sé coherente y que nunca más te moleste si también mandan aplausos y besos a Montesinos, el Cojo Mame, los Injertos, etc. Total, hay que ser amoroso con los delincuentes, y si te han robado, con más razón aún.

4) Que no te importa y/o te gusta que KF haya estudiado en EEUU con el dinero que nos robó a todos los peruanos. Así que por favor, sé coherente y no vuelvas a quejarte si te roban la billetera.

5) Que no te importa y/o te gusta que su labor de congresista haya sido prácticamente nula y pagada con tus impuestos. Así que, por favor, sé coherente y no vuelvas a rajar de un mal congresista nunca más.

6) Que te parece muy bien que, mientras su madre era torturada por orden de su padre, ella haya seguido al lado de éste. Así que, si eres madre, sé coherente y no te molestes si un día tu hijo te da la espalda y te hace lo mismo.

7) Que te gusta o no te importa que ella haya sido primera dama y parte de un gobierno que robó, dio un golpe de Estado, cambió la Constitución, se quiso reeelegir, etc. Así que por favor, sé coherente y no vuelvas a criticar nunca más a Hugo Chávez.

8) Que piensas que nuestro premio Nobel habla tonterías y debe ser muy bruto. Así que por favor, sé coherente y nunca más digas que lo admiras como intelectual.

9) Que no te importa en absoluto que en el programa de gobierno de KF no se mencione ni una sola vez la palabra "cultura". Así que, por favor, sé coherente y prohibe que tus hijos vuelvan a abrir un libro. Ponles solo Magaly TV y Laura Bozzo: tú debes creer que eso es todo lo que necesitan.

10) Que no te importa y/o te gusta que los medios de comunicación manipulen la información. Así que por favor, sé coherente y no vuelvas a pedir que te digan la verdad. (La mentira debe fascinarte, ¿no?).

11) Que te encantan Martha Chávez, Carlos Raffo, Luisa Cuculiza y Jose Chlimper, el que dijo que las huelgas hay que resolverlas a balazos. Así que, por favor, sé coherente y no protestes si algún día haces huelga y te pegan un balazo a ti.

12) Que te encantan Rafael Rey. Cipriani y el Opus Dei, y que avalas sus ideas (desprecio a los DDHH, condena del amor libre, a los gays, etc.).

13) Que avalas y/o suscribes la idea de que a los pobres hay que darles un poco de arroz y atún para que se queden tranquilos. Así que por favor, sé coherente y nunca más digas que es necesaria la inclusión y la justicia social: tú no crees en eso, a ti te encantan las cosas como están.

14) Que te gusta y apoyas que vuelvan todos los que robaron y mintieron. Así que, por favor sé coherente y enséñale a tus hijos que el delito se premia y la deshonestidad debe ser recompensada. De hecho ellos ya están aprendiendo con tu ejemplo, al escuchar por quién votarás.

En fin: hay muchas otras cosas que estás apoyando al votar por KF. Y todas deben gustarte mucho, porque si no votarías viciado o blanco, o bien te arriesgarías a tener esperanzas y votarías de otra manera. Pero no, pues: asume que así piensas tú...

Que duermas tranquilo!

EDUARDO ADRIANZÉN

lunes, 23 de mayo de 2011

¿Suspensión del pensamiento crítico de izquierda por elecciones?/ Un artículo de Alvaro Campana

El Perú se debate en un momento político difícil: estaríamos ad portas del retorno de la versión más “repugnante” de la derecha al gobierno a través del fujimorismo. Frente a ello se plantea la unidad en torno a Ollanta Humala como la opción de salvar el sistema democrático. Pero lo que no se dice es que aún así, la derecha está ganando porque a “amansado” (Cotler dixit) a Humala quien prácticamente ha capitulado frente a la derecha más liberal (política) para obtener su apoyo y se consolida nuevamente el binomio democracia-mercado como fundamento del discurso hegemónico y su próximo gobierno como opción de gobernabilidad.
Es decir la derecha tiene la opción de escoger entre su mal mayor (orientada por su terror a lo plebeyo y a cualquier apertura al cambio, que representa Humala) porque lo que ofrece un gobierno de K. Fujimori es una mayor polarización social; o su mal menor que es el propio Humala. Nosotros no tenemos otra que apostar por una opción, Humala, que se ha reconfigurado para restringirse a un compromiso por gestionar de manera más honesta y con mayor solidaridad el neoliberalismo.
Se ha dicho que no hay una correlación político electoral favorable, y es cierto. Un tercio del país es el voto duro de Humala, el voto descontento y antineoliberal que se muestra en la especialmente en el sur del Perú. Mientras, K. Fujimori se apoya también en su tercio duro con sectores que fueron objeto de las políticas focalizadas y clientelares, los sectores más regresivos y corruptos de la estructura de poder (iglesia, varios empresarios y tecnócratas, sectores de las fuerzas armadas). En medio, un voto que se divide entre ambos pero que es el que o quiere más libre mercado, racista y de clase media y que apoyara a Fujimori; y del otro, un sector más liberal, que apostará en parte por Humala aunque con muchas reticencias, y por un continuismo pero con mejoras y ajustes y que tiene fuertes resistencias con el fujimorismo. Por ello, y de hecho así se ha sostenido al cambiar la el proyecto de la “Gran Transformación” por el de la “Concertación Democrática”, no es posible hablar de una correlación social, ni electoral.
De esta manera la discusión no gira en torno a una agenda antineoliberal, o que cuestione de manera significativa la estructura de poder instaurada precisamente a partir del gobierno fujimorista. La discusión gira en torno a las calidades morales de los fujimoristas (ya no los neoliberales) y la violación a los derechos humanos en el gobierno de Alberto Fujimori. El debate se desarrolla fundamentalmente por derechas desde una perspectiva moralista y/o pragmática. Es cierto que en la “carrera electoral” la propia candidata del fujimorismo ha hecho declaraciones favorables a impuestos a las sobreganancias (que mostraría un cambio de subjetividad respecto de las necesidades del país) que ella también implementaría, pero que nos suena al cambio responsable alanista que ya sabemos es una farsa.
El repliegue es tal que hasta Álvaro Vargas Llosa, uno de los escritores del “Perfecto Idiota latinoamericano”, según él para burlarse de la cultura de izquierdas en América Latina, de quien no discutimos su honestidad o bondad, aparece hoy como uno de los principales voceros para terminar de “adecentar” la candidatura de Humala y decantar a un sector de la población para su triunfo en las elecciones. En el camino aceptamos de contrabando ideológico una serie de afirmaciones que parecen cimentar aún más el sentido común neoliberal, en su versión demoliberal. Su lectura conservadora sobre los procesos de cambio en América Latina, su disociación del neoliberalismo con las dictaduras, la intocabilidad de la constitución y los intereses de los inversionistas, entre otros.
Este panorama, nos da una radiografía de en qué está la sociedad peruana y cómo a partir de esa situación podemos construir un proyecto de izquierda sostenido en una mayoría social, política y electoral. Pero también, aquí nos concentramos en esto, nos obliga a revisar nuestras propias responsabilidades y limitaciones discursivas y prácticas como izquierda en el momento actual. Muchos compañeros queridos nos han dicho: “ya déjense de decir sólo No a Keiko, y digan SI a Humala”, sin más. No han faltado jalones de orejas porque los grandes grupos de poder comunicacional nos tienen tan de rodillas, que hay que ser cautos hasta con hacer política en la calle, no nos vaya a quitar puntos, y permitimos que se criminalice aún más la protesta social en el espacio público.

Y nos preguntamos entonces ¿ha entrado en suspenso el pensamiento crítico de izquierda? ¿Tenemos algo que decir o qué hacer respecto de cómo está configurado el poder en el Perú en la coyuntura electoral? ¿Tenemos algún proyecto desde el cuál construir/disputar el poder, que en este contexto nos permita debatir posiciones con la derecha fascista y con la derecha liberal? Desde la izquierda, o lo que queda de ella, no estamos empleando la lógica “alianza y lucha” en la coyuntura actual y mucho menos estamos planteando tampoco una orientación programática que nos permita pelearla desde la izquierda y configurar un actor social que levante un proyecto alternativo. Debe ser que definitivamente nuestra izquierda es tan “arcaica” o “moderna” que se ha quedado sin argumentos más allá de lo testimonial, lo moral o los argumentos tecnocráticos aprendidos en tantos cursos y proyectos en las ongs auspiciados por el Banco Mundial.
Creemos que, sin embargo, y a pesar de los chantajes de la derecha, de los sermones en el propio campo para medir las consecuencias de lo que hacemos en la calculadora electoral, o de la resignación a la política expropiada que se expresa y ejerce sólo en los gestos de los candidatos y los “políticos”, en las nuevas generaciones se empiezan a desplegar un conjunto de iniciativas (discursivas y prácticas) que nos pueden ayudar a parir una izquierda que esté a la altura de los cambios estructurales de los que tanto se habla. En la “cruzada antifujimorista” aparecen así un conjunto de subjetividades, sensibilidades y demandas que nos pueden permitir construir una nueva izquierda.
¿Por dónde podría ir esta emergencia y hacia donde podría desembocar? Se nos ocurren las opciones siguientes que presentamos en forma de preguntas: ¿nos estamos dando cuenta por fin que la política no puede ni debe restringirse a los espacios institucionales o meramente del espectáculo? ¿Será que en la lucha por los derechos humanos –una de las más reivindicadas-estamos reconociendo que hay demandas populares con las cuales empatar sin que suenen a asuntos de unas cuantas ongs (que además las despolitizan) y que cuestionan el orden neoliberal e incluso no tienen más remedio que pensarse desde una perspectiva anticapitalista?[1] ¿Será que estamos sintiendo la urgencia de generar nuestros espacios de poder desde abajo para cambiar las correlaciones de fuerza a partir de la necesidad de tener nuestros propios medios de expresión, fortalecer nuestras organizaciones, impulsar nuestros propios emprendimientos económicos, sociales y culturales?
¿Será que hallaremos nuestra distinción respecto del nacionalismo en que nosotros creemos en la democracia radical, que queremos ir más allá del desarrollismo nacionalista capitalista, que consideramos que hay cuestionamientos de alcance civilizatorio respecto nuestra relación con la naturaleza y con respecto a la diversidad y que nos parecen cantos de sirena los llamados a la “unidad nacional” anulando la política como ámbito de disputa de imaginarios y proyectos sociales antagónicos?
¿Será -finalmente- que hemos comprendido que así como idealizamos tanto lo “estatal” en la política, también hemos idealizado lo “molecular”, lo “micro” como espacio para hacer política y que necesitamos construir un poder social alternativo, pero también un proyecto político que pueda dotarse de una estrategia desde la cual disputar hegemonía en todas las esferas y ámbitos?
Hoy más que nunca no debemos suspender el pensamiento crítico, debemos ser más bien capaces de encontrarnos e ir, sobre la base de nuestras prácticas, construyendo una agenda desde abajo que nos permita intervenir desde la izquierda en este proceso y dar nacimiento a un proyecto político, social y cultural de izquierdas al calor de la batalla electoral, con proyecciones para después. Con esto debemos contribuir a que la mafia fascista del fujimorismo no llegue al gobierno, pero con la claridad de que estamos bastante lejos de materializar los cambios estructurales que tanto se reclama, y que necesitamos un proyecto de izquierdas para lograrlo.
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[1] Por ejemplo la memoria, con quienes fueron afectados por el conflicto armado; la libertad de expresión como algo que no puede restringirse sólo a los grandes medios y a los oligopolios mediáticos; los derechos respecto del “medioambiente” con los “conflictos socioambientales” cada vez mayores y la emergencia de actores indígenas que reivindican la diversidad cultural; la equidad de género y la diversidad sexual que confronta contra el conservadurismo de quienes controlan el gobierno y están asociados a la iglesia.; el derecho al trabajo digno cada vez más confrontado con una reproducción de la precariedad laboral en los trabajadores jóvenes y la ausencia de formas de protección social para los más mayores. Finalmente, ¿será que a partir de estos será posible armar una plataforma para desprivatizar el Estado, politizar nuestras prácticas y resignificar la democracia como algo que no es sólo una cosa abstracta que se materializa cada 5 años?

jueves, 19 de mayo de 2011

Julio Cotler (entrevista)



Necesario conocer esta entrevista realizada por la periodista Rosa María Palacios al sociólogo Julio Cotler, donde este último analiza la coyuntura electoral actual, donde los ciudadanos peruanos estamos a punto de una eutanasia política....

Aquí el enlace o hacer click sobre el título del post:

http://www.americatv.com.pe/portal/programas/prensa/investigaci-n/prensa-libre/multimedia/prensa-libre-entrevista-julio-cotler-12052011

jueves, 7 de abril de 2011

Cataris Pre Electoral


Este domingo 10 de abril son las Elecciones Generales en nuestro país y todo parece indicar que a estas alturas lo único cierto es que Ollanta Humala es el qué pasará a la Segunda Vuelta. La caída libre que sufrió Alejandro Toledo – ni qué decir de Castañeda – ha revelado una situación que a muchos los llena de pánico y zozobra, al borde de un ataque de nervios, como diría Almodóvar.

Según muchos analistas, la única manera “casi” segura de que Humala pierda en la Segunda Vuelta es que pase a ella junto a Alejandro Toledo, allí los votos que estaban destinados a PPK, Castañeda y otros, engrosaría la votación a favor de la “Chakana” y podría darle el 50% más uno que tanto necesita. No menciono a Keiko Fujimori ya que ella ha mantenido un sostenido 20% que no baja pero que tampoco sube. No olvidemos que la representante del clan fujimorista tiene su principal colchón en los sectores populares, sectores que en muchos casos consideran que el Perú necesita una mano dura, autoritaria y hasta una dictadura… de allí que pregunto a algunos amigos: ¿les recuerda esos términos alguna de sus actuales pesadillas?

Existe como resulta obvio, una agenda pendiente en la política actual, algo que desde años pasados (décadas) ha venido reclamando una mirada y su correspondiente atención. Ahora el miedo viene desde el mezquino egoísmo de los que piensan (como lo dijo Nelson Manrique) que mientras a ellos les va bien, a todos les va bien. El paraíso en que algunos viven al parecer no es tan popular como creían. Ahora ¿qué miedito no?

PPK vs. Humala en Segunda Vuelta es el triunfo (a mi juicio) de Humala, no hay nada mejor para un nacionalista que tener como rival un prototipo como PPK, estadounidense (léase gringo) y liberal a ultranza. ¿Quién pagará esa polarización?: el pueblo peruano. Y cuando digo “pueblo” me refiero a todos los peruanos, no solamente a aquellos que acusan de ignorantes e irresponsables a quienes no votarán por su candidato, descalificaciones que únicamente alimentan esa suerte de Torre de Babel, donde nadie se entiende con nadie y que nos ha llevado a tantos pasajes negros de nuestra historia. Esos jovencitos que siguen al candidato de moda parece que deben conversar más con sus padres para que les cuenten cómo fueron las épocas de la violencia en el país.

Hablando de violencia, en ella tuvo mucho que ver Alberto Fujimori “el nipón de las manos ensangrentadas”, papá de Keiko Fujimori. Esta última, como señalo líneas arriba, si se siguen desgastando entre PPK y Alejandro Toledo, es factible que pase a Segunda Vuelta con Ollanta Humala, donde se disputarán palmo a palmo cada voto, ya que los analistas aseguran que ése eventual escenario produciría un empate técnico, en el cual se verá si los que votan por la llamada “derecha” tienen realmente asimilada la condena al clan Fujimori o si esta es solamente una mera formalidad que se desvanece ante el peligro de la “inseguridad financiera”.

Escenario difícil el que se plantea, aunque la derecha y sus miedos no terminan de entender que en el desprendimiento esta su única posibilidad de tentar un triunfo en la Segunda Vuelta (Castañeda cree que él pasara y me sorprendería si pasa la valla electoral).

Aquí en el Cusco, desde donde escribo, es evidente que mi voto en lo referente a representante para el Congreso de la República será para Víctor Boluarte (mi hermano), que postula con el Nº 1 por el Partido Aprista (sí, eso es lo malo), pero por quien tengo no solo el cariño de hermano menor, sino el respeto por un valor tan venido a menos en estos tiempos como es la “lealtad”, fiel a sus convicciones partidarias en los buenos y – sobre todo – en los malos momentos. Discrepo con él en cuanto al ámbito ideológico (tengo el corazón a la izquierda) pero coincido – y no con poco orgullo – con las personas que lo señalan como el candidato más preparado en esta oportunidad. Lo puedo corroborar, conozco los libros que lee y el honesto empeño que ha puesto en su formación académica y política. Su honestidad y una conocida imagen pública que lo ha sometido en más de una oportunidad al escrutinio moral de periodistas y oponentes. Eso es para respetar y por supuesto para pasar la saliva y marcar la estrella aprista, pero sobre todo marcar el Nº 1.

Este post es solamente una catarsis pre electoral, pero la tenía que hacer en algún momento. Gracias por entender, sobre todos a aquellos que no piensan como yo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La pesadilla de la caverna

Apareció este post en la versión digital de La República, un puinto de vista que vale la pena tomar en cuenta.

La pesadilla de la caverna

Mar, 29/03/2011 - 05:00 Por Nelson Manrique

Las encuestas de CPI e Ipsos/Apoyo contribuyen a despejar incógnitas a dos semanas de las elecciones. Ollanta Humala ocupa el primer lugar en ambas encuestas seguido de cerca por Keiko y Toledo, en un virtual empate estadístico. Son interesantes las tendencias que se han venido dibujando durante la última semana: Keiko y Castañeda permanecen estacionarios en 19 y 14 puntos respectivamente, Toledo ha bajado entre 3 y 4 puntos, PPK se ha detenido –ha crecido solo un punto– mientras que Humala ha subido entre 4 y 5.5 puntos. Contra lo que podría hacer creer la formidable campaña propagandística de PPK, esta semana Humala lo ha superado en velocidad de crecimiento por cinco veces. Ollanta Humala debe pasar a la segunda vuelta, lo cual constituye un escenario de pesadilla para la derecha, como lo dicen textualmente numerosos post de seguidores de la edición electrónica de El Comercio. Como se predijo, en el campo de la derecha han sonado todas las alarmas, aunque tan tarde que es de admirar el escaso conocimiento que tiene la caverna acerca de su país. Hasta aquí desdeñaron a Humala porque daban por supuesto que todos piensan como piensan ellos. Las encuestas han venido señalando tercamente que más de un 70% de los peruanos (73% hoy) pide cambios y solo Humala ofrece realizarlos; sorprende que no creyeran posible una sorpresa. Pero, como siempre, decidieron que en tanto ellos están contentos por lo bien que les ha ido durante estos años, todo el mundo debe estar feliz, aunque solo una pequeña minoría haya participado de los beneficios del crecimiento. Y su falta de sintonía con el país vuelve a mostrarse cuando aún así siguen creyendo que van a perjudicar a Humala presentándolo como el “antisistema” o agitando el cuco de que pretende cambiar el modelo económico: precisamente lo que las tres cuartas partes del país está demandando. Estas dos semanas se va a tratar de crear una atmósfera de terror, como se intentó contra Susana Villarán. EC –el vocero más modoso de la caverna– ha abandonado cualquier pretensión de ponderación y objetividad para desatar la guerra sucia contra Humala. En Correo, Aldo M. invoca el patriotismo de los electores para convencerlos de votar por PPK o por Keiko, mientras que ya insinúa el pedido a Castañeda de que se sacrifique por la patria, renunciando a su candidatura para impedir el triunfo de Humala. Hizo lo mismo en parecidas circunstancias durante las pasadas municipales: primero cubrió al pastor Lay de alabanzas, para convencerlo de que retirara su candidatura en favor de Lourdes Flores, para luego llenarlo de improperios, cuando no se plegó a su genial idea. Al menos de esta cantera recibirá elogios Castañeda las próximas dos semanas. Si en la segunda vuelta se enfrentaran PPK y Humala, este correría con ventaja: debe ser el sueño de un nacionalista enfrentarse a un contendor que ha jurado lealtad a los EEUU. PPK, luego de faltar a la promesa que hizo en diciembre de renunciar a la nacionalidad USA, promete ahora, como premio consuelo, renunciar a su pasaporte estadounidense… si es elegido presidente. Chistes aparte, lo que está en juego es el valor de su palabra. Aparte de abjurar “toda lealtad y fidelidad” al Perú, PPK ha jurado públicamente: “apoyaré y defenderé a la Constitución y las leyes de los EEUU de América contra todo enemigo extranjero y nacional… profesaré fe y lealtad reales hacia el mismo… portaré armas bajo la bandera de los EEUU… prestaré servicio como no combatiente en las Fuerzas Armadas de los EEUU… lo juro ante Dios” (http://www.uscis.gov/files/article/M-476_Spanish.pdf, p. 28). Este juramento se mantiene vigente porque no ha renunciado a él. Si en un conflicto de intereses PPK defendiera al Perú traicionaría su juramento de lealtad a los EEUU, y entonces no se qué valor se podría dar a su palabra. Mientras que, para honrar su juramento, tendría que defender los intereses norteamericanos contra el Perú, y entonces habríamos elegido un virrey. To be or not to be: that is the question.

lunes, 21 de marzo de 2011

PPK on the rocks (un artículo de Nelson Manrique)


Un artículo escrito por el sociólogo e historiador Nelson Manrique fue publicado el martes 15/03/2011 en el diario La República, titula “PPK on the rocks”. Ahora que muchos empiezan a decidir su voto para el próximo 10 de abril, resulta conveniente leer lo que a continuación transcribo… prohibido picarse…
PPK on the rocks
Mar, 15/03/2011 - 05:00
Por Nelson Manrique
El 10% de respaldo que ha obtenido PPK, según la última encuesta del IOP de la PUCP, ha sido un tónico que le ha refrescado la memoria con relación a una solemne promesa que hizo al proclamarse candidato presidencial: que renunciaría a su nacionalidad norteamericana. Mientras anduvo anclado en un 5%, PPK hablaba del tema más bien remolonamente: hay que hacer consultas, es engorroso llenar las formas, nunca se sabe cuánto tiempo se va a tomar la burocracia, etc. Y fue llenando los vacíos con mentiras manifiestas, como afirmar que se nacionalizó porque los gringos lo presionaron a hacerlo, o que al naturalizarse gringo no renunció a su nacionalidad peruana.
En los EEUU no te presionan para hacerte ciudadano por llevar mucho tiempo viviendo allí, y eso pueden ratificarlo miles de peruanos que radican por esos lares. Esto puede ser un argumento a favor si uno quiere hacerse norteamericano, pero no es un motivo para que te pongan un cuchillo al cuello para obligarte a hacerte gringo. Por otra parte, es requisito imprescindible –explícitamente señalado por la Guía para la Naturalización, el documento oficial del Servicio de Ciudadanía e Inmigración del Departamento de Homeland Security de EEUU– renunciar a toda nacionalidad previa: “usted no puede convertirse en ciudadano americano hasta que haga el Juramento de Lealtad... Cuando usted hace el juramento usted promete a hacer tres cosas: 1) Renunciar a lealtades extranjeras… 2) Apoyar a la Constitución (de los EEUU)… 3) Prestar servicio militar o civil a los EEUU”.
El juramento que PPK ha leído en el acto público de su nacionalización como ciudadano de EEUU es suficientemente explícito: “renuncio absolutamente y por completo y abjuro toda lealtad y fidelidad a cualquier… Estado o soberanía extranjera, de quien o de cual haya sido sujeto o ciudadano antes de esto… apoyaré y defenderé a la Constitución y las leyes de los EEUU de América contra todo enemigo extranjero y nacional… profesaré fe y lealtad reales hacia el mismo… portaré armas bajo la bandera de los EEUU… prestaré servicio como no combatiente en las FFAA de los EEUU… asumo esta obligación libremente, sin ninguna reserva mental ni intención de evasión; lo juro ante Dios” (http://www.uscis.gov/files/article/M-476_Spanish.pdf, p. 28). El texto tiene también versión en inglés, así que PPK no puede alegar que no entendió qué era lo que estaba jurando. Abjurar, según el DRAE, es: “Retractarse, renegar, a veces públicamente, de una creencia o compromiso que antes se ha profesado o asumido”.
El empeño de PPK en negar que ha renunciado voluntariamente a la ciudadanía peruana, “sin ninguna reserva mental ni intención de evasión”, recuerda la historia de la nacionalidad de Alberto Fujimori. Mientras fue presidente, negó categóricamente tener la nacionalidad japonesa, y este fue un secreto muy bien guardado, hasta por el gobierno japonés, que solo reveló que Fujimori San era un leal súbdito del emperador cuando el gobierno peruano solicitó su extradición para que respondiera ante la justicia por sus crímenes y robos. Y cuando –luego de cometer el mayor error de su vida al embarcarse hacia Chile, donde fue detenido– se vio confrontado con la perspectiva de su inminente extradición al Perú, recurrió a su nacionalidad escondida para presentarse como candidato al Senado japonés.
De acuerdo con el artículo 118º de la Constitución, el Presidente tiene la potestad de representar al Estado, dentro y fuera de la República, dirigir la política general del Gobierno, dirigir la política exterior y las relaciones internacionales, celebrar y ratificar tratados, administrar la hacienda pública, negociar los empréstitos y dictar medidas extraordinarias mediante decretos de urgencia con fuerza de ley, presidir el Sistema de Defensa Nacional, organizar, distribuir y disponer el empleo de las FFAA y de la PNP, adoptar las medidas necesarias para la defensa de la República, de la integridad del territorio y de la soberanía del Estado, declarar la guerra y firmar la paz. Supongo que siempre y cuando le deje tiempo su obligación de “portar armas bajo la bandera de los EEUU”, claro.
Ser presidente de la República debe ser el sueño de todo lobbysta.