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jueves, 13 de octubre de 2011

Al Filo de la Palabra (Entrevista a César Hildebrandt)

El semanario nacional CARETAS ha publicado, en su más reciente edición (Caretas 2202), una entrevista al periodista César Hildebrandt, realizada por Maribel de Paz, con motivo de la presentación de su libro “Una piedra en el Zapato” (Tierra Nueva, 2011).

Aquí les alcanzo la mencionada entrevista, cuya lectura me parece de suma importancia, ahora que las mentes lúcidas están tan escazas.


–Dices que la muerte por arma blanca es una muerte discreta, lo que no aplica al asesinato por palabra.

–Ahí sí queda uno con las manos ensangrentadas, pero la pregunta benévola podría ser cuántas veces me han matado a mí. Yo he tenido que ser Lázaro varias veces, pero no me quejo ni de mis asesinatos ni lamento el noventa por ciento de los que perpetré, me parecen todos merecidos, incluyendo los míos.

–En el 2002 decías que te aburría la barbarie del Perú. ¿Qué es lo que más te ofende de esta barbarie peruana?

–Que la gente acepte la indignidad de un modo tan fácil, las colas en EsSalud, el transporte público, el Pronaa en vez del empleo. Las manos tendidas en general me parecen metáforas de la barbarie, pero la peor barbarie, casi teatral, es la del tráfico, no se respeta nada ni nadie. Los peruanos no tenemos eso que tienen algunas máquinas a las que se refirió Marco Aurelio Denegri alguna vez: ese sistema de adaptación inteligente que tiene la amortiguación de los coches. El peruano no tiene autorregulación, no tiene un sistema de definición de fronteras en relación al derecho ajeno. Yo diría que el peruano en general no tiene superyó, es decir, no tiene censura. Tú dejas al peruano suelto y de repente pasa lo del Monumental.

–¿Somos demasiado bestias?

–Yo diría que tenemos un lado patota, un lado tribu, un lado bárbaro muchísimo más desarrollado que en otras partes, porque aquí no ha funcionado ni la represión personal ni social. Si las leyes se burlan, si los jueces se compran, si los fiscales se anulan, ¿por qué te vas a limitar?

–¿Genera perplejidad lo del ‘Loco’ David?

–A mí no. Todo viene en un kit, o sea, el tipo que en Eisha le dice a la sirvienta que esté con uniforme almidonado en verano porque ella pertenece a otro mundo, otra raza, otro estatuto, es el tipo que puede considerar a su prójimo un enemigo mortal. Esto demuestra que en el mundo de Ellos & Ellas hay ellos y ellas que pueden matar. Porque la violencia es transversal, sin vinculaciones exclusivas con los barrios bajos y las ignorancias. Son los hijos de los que tuvieron negros hasta que Ramón Castilla dijo que no, y cuando les faltaron los negros importaron chinos... Los que hicieron de las haciendas pequeñas repúblicas con patíbulo propio (en la hacienda Chiclín de los Larco había cárcel propia), esos, todo eso viene de ahí. Lo que pasa es que los peruanos nos hacemos los cojudos, algo que hacemos casi con perfección. ‘Loco’ David es el resumen de los vicios de una clase social.

–¿Cómo desacojudarnos?

–No tengo la fórmula, pero lo único que puedo imaginar, siendo un lugar común, es que sea a través de un liderazgo ejemplar.

–¿Humala?

–No, no es un liderazgo ejemplar. Es un liderazgo bien acogido.

–¿Qué no lo hace ejemplar?

–Lo que ahora sabemos de Madre Mía, y lo que está haciendo para convertir en popular la continuidad de un sistema que debía haber cambiado. Él ha hecho popular lo que García hizo repulsivo, gerenciando el modelo actual que consiste en exportar piedras hasta que las piedras valgan.

–Se le ha aplaudido precisamente por otorgar confianza al sistema.

–Claro, la confianza que puede otorgar Roque Benavides, y quizás el ‘Loco’ David. Cuando te dicen “usted está produciendo desconfianza” es que está produciendo desconfianza en la CONFIEP, que es la única desconfianza a la que se le teme en el Perú. Es un país extraño, ¿no? Es un país secuestrado.

–¿Qué esperas de ti mismo?

–Ser la piedra en el zapato, incomodar a quienes piensan que estamos rumbo al primer mundo. El libro ha reunido lo más flamígero, temerario, irritante y pendenciero. La mayoría de las iras están dirigidas a impostores, a gente que pretende decir que es lo que no es.

–A Humala le has dicho esquizofrénico.

–Bueno, no a él, sino a su conducta. Sigo pensando que está escindido, que no se ha podido unificar.

–¿Debería pasar por el psicólogo?

–No, debería pasar por su programa político.

–Una palabra caserita de tus textos: metástasis.

–No es un tic, la uso cuando quiero definir aquello maligno que se extiende. La epidemia de embrutecimiento en el Perú no es precisamente una metástasis, pero se parece.

–Ni tus vecinos ruidosos se salvan de tus críticas.

–Porque soy una persona que aprecia el silencio, la paz. La gente se horroriza ante el silencio, porque establece un parentesco retorcido entre silencio y soledad, entre silencio y posibilidad de perder aquello que es el bajo continuo de la vida: el ruido. El ruido es el tundete de la vida, y sin ruido no hay tundete, y sin tundete no hay jarana. Es terrible. La gente teme el silencio igual que los barrocos temían el vacío.

–¿Y has hablado con tus vecinos sobre eso?

–No, he guardado silencio.

–También le dedicas una columna a la depresión.

–Habría que estar loco para no tener tendencia a la depresión. Una de las pocas cosas sobre las que tengo certeza absoluta, es sobre la legitimidad de mi depresión.

–¿Qué es lo que más te deprime?

–El desorden, y entonces comprenderás que soy un peruano bien doliente, porque esta es la república del caos. Prefiero quedarme en casa con Rebeca y con mis libros a someterme a la ciudad, que es un test para la paciencia más férrea, y yo no soy paciente.

–¿La edad no te ha dado un poquito más de paciencia?

–Jamás. La resignación no será parte de mi vejez. Si yo admitiera eso admitiría mi muerte emocional y civil.

–¿Con los años llega la sabiduría?

–No, la sabiduría no es la diabetes, no es la hipertensión.

–¿Y qué es la sabiduría?

–La sabiduría, no tengo dudas ahora, consiste en aspirar a poco, y tener una idea muy clara de que al final del camino siempre nos espera un fracaso, una cierta medianía y la más absoluta imposibilidad de cumplir nuestros sueños. Hay que ser muy tonto para creerse en la cima del mundo, coronado por el éxito. Emil Cioran, un genio, murió en sus trece, sintiendo que no había hecho lo debido, que la vida es un equívoco, y que había cometido más errores que aciertos. Detesto tanto el jolgorio yoísta, esa gente que está convencida que lo merece todo, es algo que me repugna tanto, la fiesta narcisista…

–…el Show de los Sueños y Aldo Miyashiro declarándosele a su mujer en televisión y abrazando al ‘Cholo’ Payet.

–Bueno, pues, eso es lo que también somos: no solo somos Vargas Llosa y Gastón Acurio, somos también Miyashiro y David. Pero a mí lo que me preocupa en el fondo es este proceso de ignorancia orgullosa y masiva que padece el Perú. En este momento es casi una señal de prestigio social ser ignorante. Es un país culturalmente en harapos, escindido, negado. Por eso la tentación de ser drástico es cotidiana en el Perú, o sea, ¿cómo se puede ser sereno, académico, esdrújulo, impasible, frente a esto?

–¿A quién pasarías por la daga?

–A la daga metafórica a casi todos los políticos, pero al primero que se me ocurre, sin ninguna saña, es a García, una suerte de descomunal decepción. Él pudo ser todo, y en realidad fue un hombre que quiso ser rico. En eso va a quedar: un hombre que quiso ser rico y lo logró, es un self-made man relativo, porque recibió mucha ayuda, desde luego.

–¿Qué te genera ternura?

–El dolor de los que no pueden hacer nada. La debilidad me inspira tanto como me repugna la arrogancia.

–Pero habrás pecado de arrogante en tu juventud.

–Si, por supuesto. Fui bastante arrogante, y creí que los caminos se abreviaban y las metas se acercaban y felizmente me di cuenta de que no, de que la meta era el horizonte, la ilusión, lo inalcanzable.

–¿Y cómo te diste cuenta?

–Bueno, quizás ahí sí te puedo decir que contraje un poco de sabiduría. Me di cuenta que entre mis expectativas y mis logros había una distancia insalvable que no podía allanar ni con el mayor de mis esfuerzos, y entonces sí, entendí que todo lo que puede considerarse éxito no es sino una suerte de fracaso diferido, aplazado, que de algún modo todas nuestras vidas terminan en una cierta melancolía, y al final de cuentas, pues, qué es la muerte si no una especie de crítica final, aplastante e irónica de lo que fuimos. Yo diría que merecemos morir. (Entrevista: Maribel de Paz)

lunes, 22 de febrero de 2010

Prohibido Fumar (un post de César Hildebrandt)


Aunque a estas alturas lo que voy a decir no sea muy creíble, no me considero un seguidor o (si se quiere) admirador del periodista César Hildebrandt, pero hay ciertos puntos de vista que comparto con él, de allí que me permito reproducir algunos de sus post con la finalidad que ustedes también puedan leerlos.
El post que a continuación transcribo es acompañado de dos fotografías de personajes absolutamente talentosos y geniales, uno de ellos fumaba y el otro aún lo hace, de allí que para la presente lectura se sugiere prender un cigarro y tomarse un buen café:

PROHIBIDO FUMAR (Por César Hildebrandt)
Ahora quieren poner la foto espantosa de un paciente de Cáncer en las cajetillas de los cigarrillos.
Así acatan a Fernando Vivas y compañía, esos jacobinos del buen aire y los pulmones olímpicos que se creen la personificación de la salud.
No entiendo bien.
Para esta sociedad, para este sistema de valores, está muy mal fumar.
Pero para esta sociedad y este sistema de valores sí parece estar bien (o por lo menos “no está mal”) beber como un cosaco ese trago que fabrica por piscinas la Backus –o como se llame ese latifundio de cebada- y que es responsable de la mitad de los crímenes violentos. Sí, me refiero a esa bebida que, en nuestra cultura, es sinónimo de machos al ataque y de hembras que esperan en la playa moviendo la cintura.
Está muy mal fumar –dicen los Vallejos-, pero está bien (o da igual) convertir la pantalla de la tele en un vertedero de maricas histéricas a la hora en que los niños ven televisión (y a la hora en que los niños ya no ven televisión). Como si ser heterosexual tuviera que dar vergüenza y gustar del otro sexo ofendiese a la madre natura.

Hay que sentirse culpable hasta la depresión si uno contrae un Cáncer pulmonar de origen nicotínico. Pero si uno tiene sida, en cambio, sabrá que se habrá infectado de una enfermedad amistosa, socialmente aceptable, políticamente correcta, siempre merecedora de compasión y generosidad.
No entiendo muy bien.
¿Cáncer no, sida sí? ¿Tabaco no, alcohol sí?
Deberían de poner fotos de enfermos terminales de sida en las puertas de los hostales pulguientos que han proliferado en todo Lima, en los baños de las discotecas de ambiente y no de ambiente, en las oficinas públicas (sobre todo en los baños privados de sus jefes), en los camerinos de las piscinas, en las antesalas de los gimnasios, en los urinarios de las peñas criollas.
¿Fotos de enfermos terminales de sida o de víctimas del herpes genital, el chancro blando, la sífilis de tercer grado?
¿Y qué ponemos en las puertas de las grandes fiestas, sean estas polladas o reuniones sociales dignas de salir en “El Comercio”?
¿Ponemos fotos de accidentes de tráfico? ¿Ponemos la foto del carro de nuestro colega Álvaro Ugaz después de la tragedia?
¿No? ¿Sería demasiado fuerte?
Y en las fiestas campales, con el Grupo Cinco alacraneando, ¿qué foto ponemos? ¿La de un tabique nasal colapsado por la coca y reemplazado (foto 2 de la secuencia) por uno de platino? ¿O la de alguien mirándonos fijamente, con los ojos indescifrables del que ha fundido cerebro por el uso del éxtasis?
Fumar es un derecho soberano. Impedir que el humo del tabaco ardiendo llegue a los no fumadores es una obligación de las autoridades. Pero de allí a avalar el terrorismo gráfico y las campañas del fascismo médico, hay una gran distancia.
O sea que en esta sociedad está mal fumar, pero está bien ser una basura y está requetebién mentir, robar, incumplir, chantajear, matar y volver a la presidencia de lo que sea (incluida la república).
¿O es que el asunto es ser una basura con los pulmones limpios?

miércoles, 17 de febrero de 2010

Matar a la Madre (un post de César Hildebrandt)


Desde hace unos días, otro crimen familiar ocupa la primera plana de los medios de comunicación. Al respecto el periodista César Hildebrandt escribió el artículo que a continuación les presento, como para reflexionar más allá del razonamiento primario. Aqui va:

MATAR A LA MADRE
“El amor es bueno, pero el dinero es mejor”, ha dicho Elizabeth Espino Vásquez, asesina de su madre, Elizabeth Vásquez Marín.
No sólo se trataba del seguro de vida por 100,000 dólares, que la esperaba a la vuelta del crimen, sino del disfrute de un patrimonio creciente que ella había decidido rematar apenas pudiera.
Hipócritas, algunos fabricantes de editoriales llaman “horror” al crimen de la Espino, “espantosas” a las circunstancias que lo rodearon, “escalofriante” a la confesión de la matricida.
Pero hace muchos años que la señorita Espino construyó, para ella y para sus coetáneos de generación, un paradigma perverso de sociedad y de mundo: aquel en el que la ética está desterrada, la generosidad resulta aburrida, la decencia es una incomodidad y el amor puede ser una frase bien dicha “un 14 de febrero”.
Tuvimos a Sendero, la guerrilla más salvaje y radical de América latina. La tuvimos porque la merecíamos y porque a un país anacrónico tenía que infectarlo una guerrilla anacrónica.
Para combatir a Sendero, entonces, construimos a Fujimori, cabecilla de uno de los regímenes más infames del continente. Es decir, combatimos el crimen con el crimen, el maoísmo mutante con los Colina.
De todo eso bebió la señorita Espino. Pero eso no sería lo peor.
Lo peor sería la impunidad, esa nube de asbesto que nos corrompe por dentro.
¿Un ladrón evidente podía regresar a la presidencia? Sí, podía. Tanto podía que hasta llegaría a trabajar junto a Mario Vargas Llosa en un proyecto altruista.
¿Un Fujimori reciclado podía obtener la amnesia de muchos y el voto de no pocos en las elecciones? Sí, podía.
¿Un alcalde y presidente regional ladrón y fascista podía evitar la cárcel y ampliar, al infinito, sus aspiraciones? Sí, podía. Podía y puede.
¿Y podía jurarse “por Dios y por la plata” y seguir asistiendo al Congreso? Claro que se podía.
¿Y podía, desde el municipio de Lima, robarse caudales públicos en sobrevaloraciones cuantiosas y seguir ostentando un índice de popularidad y aprobación estratosférico? Desde luego que sí.
¿Y podía un lobista con pasaporte americano hacer dinero negro desde el cargo de primer ministro al lado de un presidente que se había ido de putas e inhalado cocaína según un documento policial? Definitivamente, se podía.
¿No abundaba la dignidad en el Perú? No, no abundaba.
Y si todo se podía, ¿también se podía ser como Robinson González y no morir (civilmente) en el intento? Sin duda.
¿Y se podía ser como los Wolfenson, como los Winter, como el señor Crousillat, el que se moría del corazón y ahora se va a Buenos Aires a pegarse los tiros del crepúsculo? Se podía.
Y los que trabajaron con Umberto Jara en “Hora 20”, el inodoro del tardoFujimorismo, ¿podían luego reciclarse y aparecer en Canal 2 haciéndose los posmodernos y los machos cabríos sin memoria? Hombre, ponga usted Canal 2 a las 11 de la noche y ya verá.
¿Y se podía ser Lúcar y volver como líder de opinión? Sin lugar a dudas.
Y mientras eso sucedía, la televisión, que se había vuelto pupila de “Las Cucardas” y cobraba la felación a destajo, sólo sacaba cadáveres violentos, huérfanos de incendios, violaditas de arenal, desbarrancamientos multitudinarios.
De modo que la señorita Espino creció viendo la sangre de la Musiris, primero, y la sangre de la Fefer, después, y, en medio, la sangre de la mamá de la Llamoja, la sangre que los marcas dejaban en cada hazaña, para no hablar de la sangre memoriosa de Tarata, de las fosas comunes llenas de inocentes acribillados, del niño de 8 años asesinado en Barrios Altos.
Como marco de toda esa lección, como pedagogía general, digamos, vino después el “sálvese quien pueda” del liberalismo en dosis de truhán, el “vale todo” de la vieja cultura combi, el “arriba las manos” de los que “la hacen” rematando el país a quien pueda pagarlo (aboliendo todo concepto de Estado, de estrategia nacional, de industrialismo propio).
Y ahora vienen a decirnos qué horrible, oiga usted, alguien que mata a su madre por dinero.
No, hombre, nada de qué horrible. La señorita Espino hizo lo que el sistema de valores aconseja. Que su madre estuviera de por medio resulta una incómoda anécdota, es cierto, pero aquí el asunto es que vivimos en un país persuasivamente anético.
El Congreso, el Poder judicial, el Tribunal Constitucional, los partidos políticos: todo en el Perú parece estar pudriéndose y ser parte del problema.
El matricidio es, al final de cuentas, un hecho personal y diminuto frente al crimen de haber matado al Perú como identidad posible de todos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Estupefactos, un post de César Hidebrandt

A continuación y como en otras oportunidades, replico un post del periodista César Hildebrandt, el mismo que fue publicado el 3 de diciembre de 2009 en el blog recomendado en la parte inferior derecha de este Exilio Inmovil, aunque también hay que decir que mi amigo Jorge Millones fue quien me recomendó publicarlo.

Resulta clara la importancia del mencionado artículo, de allí que recomiendo a todos y muy especialmente a mis amigos "liberales" a fin que intenten su lectura con la mayor objetividad posible... menuda sorpresa que se llevarán....

ESTUPEFACTOS, por César Hildebrandt

El evento lo organizaron la Universidad del Pacífico e Interbank y concluyó el pasado lunes.
Se llamó “Seminario Internacional: Claves de una Estrategia Competitiva”.
Concurrieron todos los capitanes de empresa, los almirantes de las finanzas, los cabos sueltos del comercio y los funcionarios públicos con algo que decir en este país que administra Alan García.
La estrella indiscutida fue Michael Porter, considerado por un amplio sector de la prensa internacional como el más reconocido especialista en competitividad de las economías globalizadas.
El diario “Gestión”, por ejemplo, lo presentó así: “el gurú mundial sobre estrategia y competitividad”.
Porter, profesor fulgurante del Harvard Business School y autor de 16 libros, vino a ponerle nota al modelo Fujimori-Toledo-García.
Las llamadas “fuerzas vivas” fueron a escuchar a esta mente brillante, que ha asesorado a empresas como Dupont y Procter and Gamble y cuyo libro “The Competitive Advantage of Nations”, publicado en 1990, se convirtió en referente de todo análisis serio que se hiciera en torno a lo que puede hacer fuerte a un país en una economía sin fronteras aparentes como la actual.
¿Y qué le dijo al empresariado peruano Michael Porter?
Pues le dijo varias cosas (y acudo a la crónica que sobre esa noche memorable hiciera para “Gestión” Alfredo Prado):
La primera es que el Perú carece de una política de largo plazo en materia de competitividad.
La segunda es que la economía peruana no tiene un rumbo definido.
La tercera es que el crecimiento económico del Perú –hecho que la estadística confirma- no se ha reflejado en beneficio de la mayoría de la población.
La cuarta es que el Perú ha vivido estos años “una ilusión exportadora” porque las cifras en azul proceden del alza de las materias primas, mientras que nuestra exportación de productos con valor agregado permanece inmóvil.
La quinta es que el Perú padece de un atraso dramático en relación a la invención y la tecnología. “El Perú -apuntó- no sólo no ha avanzado en este rubro: parece haber retrocedido”.
La sexta es que la mayor parte de la inversión extranjera “no viene a crear nuevas empresas sino para comprar negocios ya existentes”. Y añadió, con espantosa exactitud, lo siguiente: “Cuando un inversionista piensa en una nueva fábrica no piensa en el Perú”.
La séptima es que, a largo plazo, las dificultades del Perú tendrán que ver con la baja productividad, la pésima educación, el deficiente sistema de salud, las debilidades en infraestructura física, la desigualdad social, la aplastante corrupción y el alto nivel de informalidad.
La octava es que los éxitos peruanos de los últimos años pueden irse al demonio sino limpiamos el sistema judicial, sino defendemos los derechos de propiedad y si no fumigamos y reordenamos la disuasiva burocracia creada para entorpecer.
¿Dijo algo más el señor Michael Porter?
Sí. Dijo también que el TLC con China tiene tal grado de asimetría que corremos el riesgo de quedarnos congelados como abastecedores de materias primas, que es como los chinos nos ven también en el futuro.
Dijo todo eso y a las pocas horas regresó a su cátedra de Administración de Negocios en Harvard.
Los empresarios peruanos quedaron estupefactos.
Esta vez la verdad no venía de un ideólogo adversario ni de un Premio Nobel que juega al caviaraje para lavar culpas. Venía de aquella lumbrera internacional que alguna vez escribió “Técnicas para analizar industrias y competidores”, un libro que ha sido 53 veces reeditado y que está traducido a 17 idiomas.
Estupefactos. Esa es la palabra. La farsa la había descubierto, sin dificultad, un especialista de los Estados Unidos.
¿Se atreverá la Caverna a refutarlo?
Por lo pronto, ha guardado un delicioso silencio.
Mercedes Aráoz, azafata de LAN Chile en sus sueños más dorados, no ha dicho una palabra. Los columnistas políglotas del borbonismo limeño se han callado en todos los idiomas que dominan.
No atinan a nada. Se están recuperando del sopapo.