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viernes, 10 de septiembre de 2010

Entre 2 Septiembres

Las noches eran cálidas, pese al frío, Tatita jugaba en el corredor, Mocito circunspecto y glorioso, volvía de todas partes. Yo, engreído y funeral, los miraba como quien mira (y graba) lo que no volverá a ver.
El olor a madreselvas, unas vacas mugiendo su paciencia, el chiwaqo triste en la rama (siempre el mismo pajarraco). El sabor del aire … a eucalipto.
Ilaco y su sabiduría campesina, Emiliano, Pedro Choque, la gente buena… Manzanares y esta ausencia.
Cuando llovía … llovía la ternura, ese olor a tierra mojada como cuando aprende el estío a saciar su sed, agradecido.
Una vez más, mi llaqta.
Y alguien pregunta ¿por qué bailas? ¿por qué ahora eres un “Carguyoc”?
Además de las denuncias y hacer lo que esté a mi alcance por la tierra (mi tierra), no tengo otra manera de agradecerle, sino bailando y haciendo que mis hermanos lo sigan haciendo. No será mucho, pero es lo que puedo hacer (Estoy pensando bailar en Manzanares con los Contradanzas, jajaja). Por Carlitos Herrera y el recuerdo de su alegría.

Como dice Alfredo Bryce: Uno escribe (o canta, o baila) para que lo quieran más.
Hace años (muchos años) hice una canción: “Entre Dos Septiembres”. Aunque nunca he podido mezclar la campiña y el pueblo, entiendo que la vena (el río) que los atraviesa a ambos, lleva la sangre de todos nosotros. La canción habita en lo mejor de alguna grabación que yace olvidada en un rincón. Septiembre, tan primaveral y amarillo. La dulcura de Haydé Sivirichi (que nunca visita a los Contradanzas).

Cómo no agradecer a la dueña de los polvorientos y mágicos parajes. Mi hermana le cedió – y no por su voluntad – su mejor y más querida muñeca para que sea su “Voladora”.
Paquito, Maquita.
De no ser por todo lo que menciono, nunca hubiera podido abrazar a mis amigos. Camilo, Derik, Iván, Ricardo, Javier, Américo, Wilbert, José Luis, Pepito, Raúl, Nano, por nombrar algunos …
El Tocho, el Fabri.
Abisa a los compañeros (como diría Vallejo), nuestro lugar existe… vayan a tocarlo que es realidad (Cita del Filósofo Raymond Manco).
Este corazón late porque en él habitan todos ustedes. No lo abandonen.

martes, 27 de julio de 2010

Un pueblo… una imagen… toda la fe

Gracias a diversos artículos que se han escrito por estos días respecto de la fiesta de la Virgen Del Carmen de Paucartambo, ha quedado en evidencia que en dicha celebración se alojan dos fiestas perfectamente diferenciadas y con protagonistas absolutamente distintos.

La primera fiesta, sin que esto signifique orden de prelación, es aquella protagonizada por los diversos visitantes que llegan a Paucartambo en las fechas comprendidas entre el 15 y 18 de julio de cada año y que con muy poco interés por la fe y las manifestaciones culturales que tanto cuesta preservar, se dedican a beber como enajenados, entre otras cosas, en un escenario desprovisto del control de las autoridades (policía o serenazgo) o – en el caso de los más jóvenes – de la mirada vigilante de sus padres. Muchos de estos visitantes, en su gran mayoría, ni siquiera asisten a las fiestas ofrecidas por las diferentes comparsas que le bailan y/o cantan a la Virgen Del Carmen, únicamente se limitan a estar en las calles y plazas, generando, más allá de una imagen patética, un serio problema de seguridad para todos.

La segunda fiesta - y la más importante - es la que protagonizan alrededor de la Virgen Del Carmen, los bailarines y devotos, sean residentes o no de Paucartambo, pero cuya presencia es motivada fundamentalmente por la fe y el dulce apego a lo sagrado. Los cuatro días de festividad resultan insuficientes para abrazar a todos los que uno quiere. Las preocupaciones van dirigidas a asistir a todos los actos de la fiesta, de los cuales hay algunos que son imperdibles tales como la procesión y la bendición. Cada comparsa con sus Carguyoc y sus seguidores. Cada quien con sus tristezas, cada quien con sus alegrías, cada quien con su fe.
Este año, en la era del cambio climático, en plena procesión del 16 de julio se puso a llover (el cielo también tiene sus tristezas), situación difícil para los danzantes de las comparsas ya que muchos terminaron con algunas complicaciones bronquiales producto de haber bailado bajo la lluvia durante casi tres horas, pero ese detalle termina siendo anecdótico ante la abrumadora cantidad de gente que acompañó la procesión este año. El destello de la maravilla tiene nombre.
La Cuadrilla Contradanza, a la que pertenezco, tuvo de Carguyoc a José Luis Rozas y a su esposa Patricia, el cariño con que fuimos atendidos fue conmovedor. El esfuerzo de toda una familia, los gestos de protección y desprendimiento se convirtieron en la característica más peculiar.

Cuatro días que siempre valen la pena. Se salvan las distancias y se acortan las ausencias, “con nosotros nuestros muertos, para que nadie se quede atrás” diría don Atahualpa Yupanqui el 17 de julio en el cementerio del pueblo.
Algunos Saqras se tapan el rostro ante la mirada redentora de su Madre. Los Qollas caídos en el combate, el carro de fuego, las plumas de los vencedores. La tristeza de las despedidas.
Un año menos.
Esta fiesta es a la que tengo el honor de asistir cada año de esta vida que vivo y espero seguir haciéndolo hasta que muera.

martes, 12 de enero de 2010

Esas avecillas ...


No sé si son las ganas de volver cada que tengo una oportunidad para hacerlo, el reencuentro con cada recuerdo que sus calles me regalaron, el olor al pan recién horneado, el canto de los pájaros en los jardines y las chacras, la ternura en las manos de mis padres, la sonrisa en los ojos de mi hermano y mi hermana. Los trompos, la tarde, esas palmeras y esos dos ríos.
La casa de mi tía Zoila, la dignidad avergonzada de Fidel, las piedras de las calles que torturan nuestros pies cuando bailamos en Julio.
Mi tío Rubén y su preocupación cálida por nuestra salud y nuestra alegría. El algodón dulce y los bizcochuelos en la plaza.
Una niñez austera y sonriente, despreocupada, sin temores.
El orgullo de saber que nací allí, al amparo de esos inmensos cerros, ése mensaje en la puerta del cementerio. Los amigos, los que están y los que ya se fueron. La tía Tula.
Mis canciones donde se esconden parte de esos paisajes.
El 2 y 3 de febrero estaré junto a mis compañeros de danza para festejar los 25 años de la Coronación de nuestra Virgen del Carmen por el Papa Juan Pablo II, eso sucedió cuando tenía 16 años y aún no bailaba en Contradanza. Lo recuerdo con la confusión típica de un acontecimiento de dimensiones surrealistas.
Nunca hice pacto alguno con mi tierra, creo que no es necesario, la llevo como estandarte invisible adonde quiera que vaya.
Pronto estaré nuevamente allí, donde todo comenzó, tengo nostalgia e ilusión, soy feliz.
Allá vamos, Paucartambo.

viernes, 23 de octubre de 2009

Hace diez años, Taucamarca

Con ayer 22 de octubre, son diez años de la tragedia ocurrida en la Comunidad Campesina de Taucamarca, ubicada en el distrito de Caicay, provincia de Paucartambo, Cusco, donde una mañana escolar - del Centro Educativo N° 50794 - que no tenía nada de inusual fue trocada en desesperación, impotencia y muerte.
24 niños de la comunidad fallecieron producto de un envenenamiento masivo, fueron vanos los intentos de los padres de familia por tratar de hacerlos llegar al establecimiento médico más cercano (Posta de Huancarani o los Hospitales de Cusco). En ese entonces la comunidad no contaba con una carretera que permita un acceso (y una salida) rápida, separaban a esas lágrimas de un médico – en el mejor de los casos – 4 horas. Entonces el aislamiento fue cómplice de lo absurdo.
En la mañana de ese 22 de octubre, el desayuno escolar se mezcló con el pesticida Parathion, conocido comercialmente como Folidol (comercializado por la empresa Bayern) y cuya circulación es restringida, sin embargo no se tomaron las medidas preventivas del caso para evitar la potencial posibilidad de contaminación y/o envenenamiento.
Hasta hoy, no se ha resuelto el caso que evidentemente fue judicializado, las jugarretas de orden legal como la del Ministerio de Agricultura, que lejos de coadyuvar al esclarecimiento de los hechos y el pago solidario de una indemnización por los daños y perjuicios a los deudos y la comunidad, exigió que se incluya como responsable al único profesor del Centro Educativo. No ha quedado claro si una de las bolsas del cereal denominado “Foncodito” estaba contaminada con el pesticida o si los envases en que se preparó el desayuno tenían restos del mismo, en cualquier caso los envases no tenían ninguna advertencia del “producto restringido” como es obligatorio en este tipo de casos.
Finalmente el tema aún se encuentra por resolverse, otros 22 niños (sobrevivientes) aún presentan secuelas del daño que les produjo el producto químico. Ni para la memoria de los pequeños que fallecieron ni para los que esquivaron a la muerte, las palabras justicia, derecho o incluso vida, tienen un sentido asociado a la realidad.
En el Perú hemos tenido muchas tragedias, pero la peor de ellas es la indiferencia que hace que pierdan siempre los mismos.
PD. Un mensaje a mis compañeros de las diferentes comparsas de danzantes de la fiesta de nuestra Virgen del Carmen de Paucartambo: Es importante discutir cómo se deben desarrollar nuestras festividades, pero es urgente gestionar individual o grupalmente que nuestra gente deje de ser invisible. Así tendrá más sentido festejar.