Han pasado algunos días desde que terminó la fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo, en la cual pudimos observar, desde una perspectiva particular, las diferentes motivaciones que impulsan a la gente a visitar esa dulce población andina entre el 15 y 18 de julio de cada año, la misma que bañada por sus ríos y acariciada por sus vientos acoge por igual a visitantes de diferentes latitudes.
La motivación más resaltante – a mi parecer – es la fe, y dentro de la misma se puede agrupar tanto a los peregrinos que van en busca de favores o para expresar agradecimientos y los danzantes que, por un año más, se visten de luces para rendir su particular adoración; otra motivación que se observa con claridad es la lúdica (léase juerga), generalmente protagonizada por algunos visitantes cusqueños (a los que rara vez se los ve en los rituales) y algunos de otros lugares que han conseguido (o tienen) alguna conexión con alguna de las danzas de esa festividad.
Otro motivo para recalar en Paucartambo es el turismo, protagonizado por personajes venidos de otros lugares y que desean observar las características propias de la expresión folklórica y religiosa (turismo nacional y extranjero).
Un motivo de visita es también la observación académica realizad por los estudiantes de las diferentes facultades de Ciencias Sociales y en algunos casos, los estudiantes de Turismo.
Resulta interesante observar desde atrás de la máscara (o de la careta) las expresiones de algunos de ellos… hablan, lloran, rezan o beben a una muy corta distancia de donde nosotros estamos ubicados, casi a nuestro lado y es la condición de anónimos que ostentamos la que no les permite identificar detrás de esos ojos inmóviles a personas sino a únicamente a personajes que nacen el 15 de julio y desaparecen casi etéreamente el 18. Puedes escuchar conversaciones o plegarias que posiblemente jamás harían llegar a tus oídos.
Entre tanto los pobladores netamente paucartambinos, es decir aquellos que viven en la población o sus alrededores o los que tienen con la provincia una relación que va más allá de los 4 días de fiesta, son fácilmente identificables por la soltura con que caminan por sus calles y plazas y por la naturalidad con que observan las danzas, si bien no se sorprenden con casi nada es muy común encontrarlos haciendo de anfitriones de las luces y el color, y mostrando orgullosos de lo que su pueblo es capaz.
Este año, como siempre, no fue igual a ningún otro. Además de la alegría que otorga caminar las calles de Paucartambo vestido de danzante, está la posibilidad de ver a los ojos a la Virgen del Carmen, en directo y tan cercanamente, lo que te cubre de una particular energía que te da la fuerza necesaria para resistir el embate de otro año en el cual conservaremos ese recuerdo en el alma.
Especial siempre es el enorme abrazo en que se funden los amigos de cada danza y de la mía en particular (así tiene que ser ¿no?). La devoción común, el cariño, la complicidad y el sentido del humor revelan lo intacto de los sentimientos y hasta pareciera que durante esos días nos queremos mucho más, como cuando en navidad, los hijos que estaban dispersos por el mundo (eso incluye al mundo de arriba y al mundo de abajo) se dicen entre ellos lo mucho que se extrañaron y se exigen que nadie apague sus ojos, por que sin ellos los trajes no volverían a brillar.
Hasta el año entrante, compañeros míos.
PD. Apenas aprenda a colgar las fotos y la música, lo que espero sean lo antes posible, añadiré lo relacionado a la fiesta.