martes, 15 de junio de 2010

Las Trampas de la Diversidad (Un artículo de Maurice Lemoine)

El jueves 20/05/2010 en el diario Le Monde Diplomatique Perú, Maurice Lemoine, Jefe de Redacción de dicho periódico en París, publica el artículo que a continuación transcribo, en el cual se refiere a ciertos aspectos paradójicos respecto de la diversidad. Considero necesario que se pueda debatir a este respecto, quizás es la única manera de clarificar el panorama.
Espero sus comentarios.
Yuri Boluarte


LAS TRAMPAS DE LA DIVERSIDAD
Ya sea que conciernan a un grupo discriminado, una nación relegada o una población oprimida, las reivindicaciones identitarias presentan siempre dos caras contradictorias.
En períodos de crisis o de desarrollo, el poder de la memoria y de la solidaridad de las comunidades les confieren una capacidad de cohesión que los instrumentos de acción política tradicional no les proveen. Pero en la medida en que estos movimientos se repliegan cada vez más sobre sí mismos, sobre diversidades crecientemente numerosas, específicas y estrechas, contribuyen a desagregar el cuerpo social y a instaurar competencias y divisiones entre los dominados, ocultando las categorías existentes –como la de clase–. En América Latina, los movimientos indigenistas exponen claramente esta dicotomía.
“Vivimos en mundos separados. Ellos viven en Bolivia, nosotros en el Collasuyo” (1). Constantino Lima, un hombre encantador, por cierto, dirigente del Movimiento Indígena Tupac Katari (Mitka), lanza duras imprecaciones contra los Q’aras –los blancos– de La Paz. “La Madre Tierra, la Pacha Mama, les dio Europa; reservó África para los africanos, Asia para los asiáticos y, para nosotros, Bolivia. De acuerdo con la propuesta de nuestra ley ‘reconstitutiva’, hay que aplicar la pena capital a todos los europeos que, con la invasión, cometieron el más grande delito de la humanidad. Seguramente, es un poco duro, pero es el espíritu de nuestra propuesta” (2). Por otra parte… “Nosotros, los indios, somos mayoría. ¿Cómo vamos a integrarnos a la minoría?”. En suma, al igual que un puñado de indianistas radicales, Constantino Lima pretende restaurar una soberanía indígena sobre los territorios del antiguo imperio inca. La edad de oro durante la cual los autóctonos reinaban, en armonía, sobre las Américas (tierras que, nadie ignora, no se llamaban así).

LA ILUSIÓN DE LA ARMONÍA PERFECTA
¿En armonía? En 1519, cuando se levanta el telón sobre el escenario transatlántico, el Imperio Azteca está controlando lo que más tarde será México. Surgen los conquistadores. ¡Artillería aterradora, mosquetes, espadas de Toledo, caballos, bestias monstruosas, con crines, sin cuernos, de cola larga! Demasiado poco, después de todo, para apoderarse de un continente. Salvo que… para romper con la dominación del emperador Moctezuma, el cacique de los totonacos ofrece cuatrocientos hombres para apoyar a la tropa de Hernán Cortés. Por las mismas razones, Tlaxcala provee de cien mil refuerzos a la infantería del conquistador. Más al sur, en lo que será Guatemala, Pedro de Alvarado se alía con los cakchiqueles, en conflicto con los quichés. Más al sur todavía, en las alturas de los Andes, desde donde Cusco parece dominar el mundo, Francisco Pizarro aprovecha las luchas intestinas que desgarran el Imperio Inca; recibe el concurso de los kanarrs, los chachapoyas, los wankas y muchos otros, para terminar con ese Estado teocrático y dar muerte a Atahualpa.
Trágicas alianzas, sombría desunión. Es el fin. El infierno, sostenido por la espada, la Cruz, los monjes predicadores y las bulas papales, desencadena todos los horrores a la vez. El indígena es vencido, perseguido y sometido al hambre. La esclavitud, el trabajo forzado en las minas, el trabajo pesado en los campos son sistemas de producción ventajosos.
Tiempo después, mientras América parece erigir repúblicas, los autóctonos son sobrevivientes. Con todo lo que ello implica de resistencia, de revueltas, de tenacidad. Hastiados… la independencia los mantiene en su condición de no ciudadanos; el proyecto político nacional implica, en el mejor de los casos, su asimilación forzada. Más allá de los discursos “integradores”, llenos o no de buenas intenciones, blancos y mestizos se arrogan la autoridad máxima sobre la política, la economía, la industria, el comercio, los servicios de Estado.
Tratados como minorías, cualquiera sea su peso demográfico (3), los indios juntan criterios objetivos (tratados culturales, organización comunitaria, apego a un territorio) y subjetivos (sentimiento de pertenencia) para resistir. Se encuentran afirmados en su identidad, sin por ello dejarse confinar a ella sistemáticamente.
“Debemos estar unidos con los movimientos populares, estudiantiles, sindicales”, insiste en 1992 la mapuche chilena Ana Yavo, en ocasión de la campaña continental “Quinientos años de resistencia india, negra y popular” (4). Ella conoció bien a cierto… Augusto Pinochet. Dos años más tarde, los zapatistas, que surgen de Chiapas, machacan metódicamente: “Nuestra marcha armada de esperanza no es contra el mestizo; es contra la raza del dinero. No es contra un color de piel, sino contra el color del dinero (…) por los indígenas luchamos. Pero no solamente por ellos. Luchamos igualmente (…) por todos aquellos que tienen por presente la pobreza y por futuro la dignidad” (5).

ETNICIDAD Y ALIANZAS AMPLIAS
India en su origen, la América llamada “Latina” es hoy mayoritariamente mestiza. Y aunque es verdad que los autóctonos son marginados más que todos los demás, millones de no indígenas ven también cómo se les cierran las puertas del progreso social, de la educación, de la ciudadanía.
Por otra parte, el proceso de mestizaje ha progresado tanto que a menudo es imposible trazar la frontera entre unos y otros. “Vivan en la selva, en los campos o en la ciudad –apunta el sociólogo Yvon Le Bot–, [los indígenas] se insertan en sociedades abiertas, en contacto con poblaciones diversas, inscriptos en dinámicas nacionales e internacionales” (6).
La unión entre organizaciones indias y organizaciones populares sigue siendo, en el seno de los movimientos autóctonos, objeto de un debate permanente. Mientras unos preconizan una integración a la nación en el respeto de las diferencias, los otros defienden un autodesarrollo fundado sobre la etnicidad. Desde los 60 hasta los 80, prevalecen los primeros. Las movilizaciones indígenas se inscriben en lo esencial en el marco de las luchas campesinas y, más generalmente, del movimiento popular (7). Pero, a menudo desembocan en un callejón sin salida, y llevan a los indios a replegarse sobre sí mismos.
La aceleración de la globalización, al inducir a una fragmentación de los principales actores sociales, traerá aparejado un cambio en la situación. La fatiga o el descrédito de los partidos políticos, el retroceso de una izquierda debilitada, la inexistencia de proyectos de sociedad alternativos favorecen la reafirmación cultural, local o regional. Menos desestructurados que los otros por el hecho de sus modos de organización tradicionales, los indios entran en una dinámica de movilización social hasta entonces desconocida. De rebelión en rebelión –duramente reprimidas–, defienden la nación frente al mercado globalizado, y hacen avanzar al conjunto de la sociedad (aunque la recíproca no sea siempre verdad).
En realidad fue la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie) la que provocó, en su país, la caída de los presidentes Abdallah Bucaram (1997), Jamil Mahuad (1999) y Lucio Gutiérrez (2005). En Bolivia, la “guerra del agua” y después la “guerra del gas” reúnen reclamos indios y reivindicaciones generales; estas luchas acaban con el gobierno del neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada (2003). La misma suerte será reservada a su sucesor Carlos Mesa (2005) y desembocará en la elección del primer jefe de Estado indio de América del Sur, Evo Morales. De manera simbólica, Morales es entronizado por la autoridad tradicional, sobre el sitio arqueológico de Tiwanaku, y recién un día más tarde prestará juramento ante el Congreso. Sin embargo, a diferencia del “hermano enemigo” al que venció, el indianista radical Felipe Quispe, Morales, aunque se apoya sobre una base mayoritariamente indígena, cuenta con los sectores urbanos, las corporaciones, las cooperativas, los jubilados, las legiones de mestizos que profesan un discurso de acento “nacional”.
En el extranjero, sociólogos, etnólogos, periodistas, asociaciones humanitarias o ecologistas, todos los que quieren fijar al indio en un imaginario exótico y pretenden fosilizar su identidad, ven con malos ojos estos intentos de acercamiento, a menudo difíciles, cargados de incomprensión recíproca, pero también de éxitos y progresos. Para estos nostálgicos de la pureza, “parece que han perdido el orgullo de ser indígenas, renuncian a su diversidad y buscan integrarse” (8). “Por consiguiente –estima otro– las comunidades autóctonas deben luchar constantemente para conservar su especificidad y prestar atención también a que sus actitudes no sean asimiladas a las de los otros” (9).
En Bolivia, Quispe –el malku (“cóndor” en aymara)– sigue enojado. “Nosotros hablamos de una nación que quiere la autodeterminación. Queremos fundar la República de Collasuyo, con nuestros propios dirigentes, nuestra policía y nuestras fuerzas armadas”. Pero su idea del nacionalismo aymara no incluía movilizar al conjunto de las poblaciones indias en el momento de las elecciones. En Ecuador, en 2006, a pesar de sus méritos personales, el líder histórico de la Conaie, Luis Macas, al presentarse contra el otro candidato (mestizo) de izquierda Rafael Correa, fue rechazado por sus bases, que no lo gratificaron más que con el 2% de los votos. ¿Hay que afligirse?

INDIGENISMO, RACISMO
Ser indígena no pone al abrigo de fluctuaciones integristas, racistas o conservadoras (no hablamos aquí de Macas). En 1993, Bolivia lleva a la vicepresidencia al máximo exponente de una fracción del katarismo (10), Víctor Hugo Cárdenas. Por un lado, este aymara promete una reforma de la Constitución que reconozca el carácter “multiétnico y multicultural” del país. Por el otro, aprueba la política ultraliberal del presidente Sánchez de Lozada (entonces en su primer mandato) que deja a los indios (y a los otros) en la agonía. En Perú, Alejandro Toledo, que se define como un cholo (11), utiliza este argumento para hacerse elegir (2001), para después abandonar el país a los expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, que ven allí un campo de juego atractivo.
En particular sintonía con el modelo neoliberal, la sobrevaloración del espacio comunitario está cargada de ambigüedades. El Banco Mundial no se equivoca cuando desde 2004 instituye, directamente con las comunidades, un fondo global para los pueblos autóctonos, que financia proyectos modestos (un dominio sobre lo local, en cooperación con el sector privado y que excluye al Estado).
Bajo la presión –legítima– de los movimientos indígenas, la casi totalidad de los países latinoamericanos adoptaron nuevas constituciones que reconocen el carácter pluriétnico y multicultural de la nación. En algunos casos, otorgan derechos específicos a los indios (o afrodescendientes). En efecto, aunque ningún movimiento indígena reclama la independencia, muchos (en particular, en la llanura amazónica) reivindican el derecho a la autodeterminación y el ejercicio de su soberanía sobre sus territorios. Casi todos los Estados que les conceden una forma de autonomía lo hacen avanzando con mucha cautela.
Las montañas, las cascadas majestuosas, los precipicios vertiginosos, los relámpagos, el trueno y después la lluvia… La Madre Tierra, la Pacha Mama. Una armonía en sintonía con el cosmos, la cosmovisión. En general, los amerindios tienen una forma de pensamiento, una visión del mundo mucho más respetuosa del entorno que las sociedades occidentalizadas. Saben que toda degradación del medio afecta inevitablemente sus condiciones de vida. ¿Qué cosa más legítima, a partir de allí, que oponerse a las incursiones de las multinacionales que destruyen los bosques, las sabanas, los pantanos, envenenan las aguas y las tierras con sus productos químicos y sus desechos tóxicos, que pretenden la aplicación de patentes biológicas? ¿Qué hay de menos discutible que reclamar una participación en la elaboración, la ejecución y el control de las políticas públicas?
Sin embargo, el territorio, autónomo o no, continúa formando parte del Estado nacional, muy puntilloso de sus prerrogativas cuando se trata de explotar sus recursos naturales, los hidrocarburos en particular. Y, en el marco de políticas actualmente en práctica en varios países (Bolivia, Ecuador, Venezuela), a través de las nacionalizaciones, se afectan con ello los dividendos en provecho de un proyecto colectivo. Esto es objeto de conflictos permanentes y no exentos de contradicciones. Pues “los mismos que defienden a su manera un mayor control sobre sus recursos o el reconocimiento de sus formas de organización ‘tradicionales’ no dudan en reclamar una mayor intervención del Estado” (12), pidiendo como cualquiera, el acceso a los bienes y a los servicios –agua potable, rutas, escuelas, puestos sanitarios, etc.– que hay que financiar inevitablemente. Paradojalmente, sin duda, los indios amazónicos de Ecuador deben su supervivencia a los hidrocarburos. En efecto, la bonanza petrolera de los años 70 y 80 alivió la presión sobre la tierra, en los Andes, gracias a los empleos que creó en la construcción urbana, que frenó los flujos migratorios hacia la selva. Región en la cual se puede ver a indígenas con discurso étnico muy radicalizado que vigilan su ganado sobre motos todo terreno.
Hay peligros porque el espacio ancestral se considera como intocable por el “extranjero” y porque se denuncia toda intrusión como un atentado contra la “identidad”… En 2008, en Santa Cruz (Bolivia), feudo de la oposición “blanca” a Morales, en las oficinas de la Prefectura del casi “secesionista” Rubén Costas, Ignacio Urapuka, diputado nacional indígena guarayo, se queja: “El Presidente quiere imponernos, en el Oriente, a los hermanos quechuas y aymaras. Cuando llegan comienzan por desbrozar la selva, sin consideración por la Madre Naturaleza. No estamos de acuerdo, los territorios son nuestros”. Reacción de Adolfo Chávez, presidente de la Confederación de los Pueblos Indígenas de Amazonia, Chaco y Oriente (34 pueblos): “La oposición recupera a los hermanos que traicionaron al movimiento indígena, que vendieron sus tierras a los empresarios. En recompensa, trabajan en la Prefectura, desde donde apoyan al partido que causó grandes daños al país”.

CONTRADICCIONES, CONTROVERSIAS
En Venezuela, reconociendo una deuda histórica, el presidente Hugo Chávez introdujo la idea del indio como fuente de identidad nacional. Bajo la égida de un Ministerio del Poder Popular para los Pueblos y Comunidades Indígenas creado en 2006 y con las dificultades inherentes a ese tipo de proyecto, se emprendió una demarcación de las tierras para devolver a los nativos lo que les pertenece. Pero, en Karañakal, en la Sierra de Perija, en territorio bari, un pequeño grupo de jíbaros llegó para instalarse. “El Presidente dice que debemos cohabitar con los otros indígenas”, se enfurece Rufino Alawaiku, el cacique del lugar. “Nosotros no queremos. Si Bari no quiere vivir con nadie, debemos respetar su decisión.” El nacionalismo étnico puede ser también particularmente aborrecible. Y el camino del infierno estar sembrado de buenas intenciones.
Las bocas se crispan por la rabia silenciosa –y el odio de los indios– cuando, en Uruará (Brasil), en los años 80, se pretende expulsar a dos mil pequeños campesinos, eternos desposeídos llegados con la carretera transamazónica, para delimitar una reserva de 800.000 hectáreas destinada a un grupo indígena arara de… cuarenta y dos personas, que se acaba de descubrir en la selva. En Chiapas, la decisión tomada en 1972 por el gobierno mejicano de atribuir 600.000 hectáreas a la comunidad lacandona –representada por sesenta y seis jefes de familia– es una burla que provoca un conflicto entre estos y los indígenas zapatistas.
Estos últimos, por cierto confrontados al rechazo del poder al diálogo, y a difíciles relaciones con el “mundo político” (derecha e izquierda indistintas) pueden también ver reprochar su propio sectarismo. Invitado a ir a La Paz para la ceremonia de la asunción “histórica” a la Presidencia de un indio proveniente de las luchas –Evo Morales–, el subcomandante Marcos respondió secamente: “Nuestra idea no es frecuentar las cimas sino mirar hacia abajo. No es nuestro estilo frecuentar a los grandes líderes. Pensamos que es el conjunto del pueblo el que debe ejercer el poder, no una sola persona” (13). Arte y manera de aislarse completamente.
En Bolivia, donde el Presidente afirma su voluntad de ruptura con los años neoliberales mientras desmantela el “colonialismo interno” –una suerte de “nacionalismo indianizado” (14)–, la nueva organización territorial basada en el reconocimiento de cuatro tipos de autonomía (departamental, regional, municipal e indígena), no subordinadas entre ellas y con el mismo rango constitucional, suscita muchas cuestiones: cómo se articularán, por ejemplo, justicia comunitaria y justicia ordinaria. Pues detrás de los “usos y costumbres”, “la democracia indígena puede esconder formas autoritarias ejercidas por una gerontocracia deseosa de mantener su poder, o estar instrumentada por actores externos” (15).
En este momento, en Guatemala, los indios siguen soportando un verdadero apartheid. La quiché Rigoberta Menchú recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992 pero, desde entonces, fue embajadora especial de la presidencia del neoliberal Oscar Berger. Chile sigue utilizando las leyes antiterroristas de Pinochet para reprimir a los mapuches. En Venezuela, Héctor Eduardo Okbo Asokma, cacique bari de Saimadoyi, navega entre dos aguas: “Por una parte, queremos la electrificación, una ruta verdadera, con puentes y todo eso. Las técnicas de los criollos y nuestra cultura. Pero no queremos abandonar nuestras costumbres. Creemos en las dos”. En Ecuador, en marzo, apoyada por los ecologistas, la dirección de la Conaie declara la guerra al presidente Correa –a quien sus bases llevaron al poder–. En el centro de la disputa: la explotación minera, la búsqueda del petróleo y la administración del agua. Sin embargo, según el analista político Pedro Saad, “los dirigentes de la Conaie no serán seguidos por los indígenas en su llamado a la rebelión” (16). A diferencia de los “amazónicos”, la mayoría, que vive en las tierras altas –la Sierra– continúa apoyando al jefe de Estado, preocupados ante todo en resolver sus difíciles problemas de supervivencia.
Aunque la dinámica identitaria haya permitido incontestablemente una resistencia tan larga como la historia del Nuevo Mundo, tiene sus límites. En este sentido, oponiéndose a la idea del indígena “auténtico”, “la indianidad exhibe una forma socialmente mestiza que reenvía no a una definición biológica, sino a una forma vaga que evoluciona al capricho de las situaciones y de los actores que se apropian de ella, y cuya existencia no vale, en cierta manera, sino en relación con los discursos que se tienen sobre ella y con el valor que se les otorga” (17).

1 Nombre de la región del Imperio Inca que se extendía por lo que actualmente es el oeste de Bolivia, parte del sur de Perú y el norte de Argentina y Chile.
2 Todas las citas no documentadas fueron recogidas en el transcurso de entrevistas.
3 Alrededor de 45 millones de indígenas representan cerca de un décimo de la población total de América Latina. Los países más indios son Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú; en México son los más numerosos (alrededor de 10 millones) y en Bolivia representan el más alto porcentaje (62%).
4 Campaña llevada a cabo por iniciativa de las organizaciones indígenas para protestar contra las conmemoraciones del Quinto Centenario del “Descubrimiento” de América.
5 Comunicado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el 12 de octubre de 1994.
6 Yvon Le Bot, La grande révolte indienne, Robert Laffont, París, 2009.
7 Algunos, en Colombia y en Guatemala, incluso se unirán a las guerrillas.
8 Giulio Girardi, en Jean-Claude Fritz y otros (directores), La nouvelle question indigéne. Peuples autochtones et ordre mundial, L’Harmattan, París, 2005.
9 Philippe Jeannin-Daubigney, ibid.
10 Movimiento así llamado en referencia a Tupac Katari, jefe de una rebelión anticolonial en el siglo xviii.
11 Indígena urbano.
12 Christian Gros en “Politiques et paradoxes de l’ethnicité”, Problèmes d’Amérique latine, Nº 48, París, primavera boreal de 2003.
13 John Ross, Zapatistas!, Nation Books, Nueva York, 2006.
14 “La Bolivie d’Evo. Démocratie, indianiste et socialiste?”, Alternatives sud, Centre tricontinental et Syllepse, Lovaina-París, 2009.
15 Christian Gros, op. cit.
16 El Pueblo, Quito, 13-3-10.
17 Christian Gros, op. cit.

miércoles, 9 de junio de 2010

Eduardo Galeano: Arguedas y Onetti

Dos relatos breves que conectan a dos grandes de la literatura latinoamericana.

1969, LIMA: ARGUEDAS
Se parte el cráneo de un balazo. Su historia es la historia del Perú; y enfermo de Perú se mata.
Hijo de blancos, José María Arguedas había sido criado por los indios. Habló quechua durante toda su infancia. A los diecisiete años fue arrancado de la sierra y arrojado en la costa; salió de los pueblitos comuneros para entrar en las ciudades propietarias.

Aprendió la lengua de los vencedores y en ella habló y escribió. Nunca escribió “sobre” los vencidos, sino “desde” ellos. Supo decirlos, pero su hazaña fue su maldición. Sentía que todo lo suyo era traición o fracaso, desgarramiento inútil. No podía ser indio, no quería ser blanco, no soportaba ser a la vez el desprecio y el despreciado.
Caminó el solitario caminante al borde de ese abismo entre los dos mundos enemigos que le dividían el alma. Muchas avalanchas de angustia le cayeron encima, peores que cualquier alud de lodo y piedras; hasta que fue derribado.

De Memoria del fuego / El siglo del viento, de Eduardo Galeano

ONETTI
Yo estaba regresando a Montevideo, al cabo de un viaje. De dónde venía, no recuerdo, pero sí recuerdo que en el avión había leído El zorro de arriba y el zorro de abajo, la novela final de José María Arguedas. Arguedas había empezado a escribir ese adiós a la vida el día que decidió matarse, y la novela era su largo y desesperado testamento. Yo la leí y le creí, desde la primera página le creí: aunque no conocía a ese hombre, le creí como si fuera mi siempre amigo.

En El zorro, Arguedas había dedicado a Onetti el más alto elogio que un escritor pueda brindar a otro escritor: había escrito que estaba en Santiago de Chile, pero en realidad quería estar en Montevideo, “para encontrarse con Onetti y apretarle la mano con que escribe”.
En casa de Onetti, se lo comenté. El no sabía. La novela recién publicada, no había llegado todavía a Montevideo. Se lo comenté, y Onetti quedó callado. Hacía bien poco que Arguedas se había partido la cabeza de un balazo.
Los dos estuvimos mucho tiempo, minutos o años, en silencio. Después yo dije algo, pregunté algo y Onetti no contestó. Entonces alcé los ojos y le vi aquel tajo de humedad que le partía la cara.

De El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano

martes, 8 de junio de 2010

Caminando una noche en tiempos de frío


A Luis La Hoz

Yo tengo un amigo.
Hace tiempo que no nos vemos, pero las pocas veces que nos vimos fueron disfrutadas intensamente, soñadores corriendo – pese a la diferencia de edades materiales – tras las lunas que algunas noches frías de junio se empeñaron en hacernos mirar.
Su poesía franca y de hermano mayor, mi guitarra de tímido principiante (aunque ya llevaba años en el oficio), la calle, el recuerdo de amigos y conocidos comunes.
¿Sabes algo de Toño, de Balo, de Arturo o de los tres?, ¿es cierto que tienes algunos cuadernos originales de Luis Hernandez?... eran patas ¿no?
Hace algo así como quince años de todo esto y no lo he vuelto a ver desde entonces. Seguro que ahora que estaré por Lima lo busco de todas maneras ¿será su dirección todavía?
Ni siquiera cuando vivía entre la niebla de Lima lo busqué. Qué huevada.
Sabrás entonces, Lucho, los abrazos y las canciones que te estoy debiendo.

Pronunciamiento de Tierra y Libertad a 1 año de Bagua

En momentos en que la prensa se encuentra ocupada en especular acerca del horrendo asesinato de la joven Stephany Flores Ramirez, el que obviamente es repudiable y sobre cuyas características comentaremos en otro post, resulta necesario tocar el tema de los luctuosos sucesos de Bagua, acaecidos hace un año y que tiene - a no dudarlo - como responsable al sistema imperante que genera conflictos por tratar de imponer su razón sin consultar o tomar en cuenta la opinión de los actores sociales.

A continuación paso a transcribir el pronunciamiento de Tierra y Libertad al respecto:



Tierra y Libertad
A UN AÑO DE BAGUA

¡¡LAS TIERRAS, LOS BOSQUES Y EL AGUA… NO SE VENDEN!!!
¡¡VIVA LA LUCHA DE LOS PUEBLOS DE LA AMAZONÍA PERUANA!!

Tierra y Libertad rinde un justo y sentido homenaje a nuestros hermanos indígenas y policías que perdieron su vida a consecuencia de un enfrentamiento que nunca debió producirse, si el gobierno que preside Alan García Pérez, hubiese tenido la voluntad de escuchar y consultar a los pueblos, en vez de inclinar la cabeza y actuar servilmente frente al gran capital trasnacional y sus intereses de apropiarse de nuestra amazonia.

Un año después de la heroica lucha indígena, liderados por la AIDESEP, el tiempo les está dando la razón y han dado una hermosa lección al país y al mundo: Para desarrollarnos con justicia, hay que proteger los bosques, el agua de los ríos y nuestra extraordinaria biodiversidad. Para ser democráticos, hay que respetar los territorios indígenas y consultar a sus pueblos. Para invertir en la selva hay que defender el medio ambiente hoy, pensando en los que vendrán mañana. Para construir un país para todas las sangres… la selva no se vende… la selva se defiende.

Pero como en todo el país, la lucha de los pueblos de la selva continúa y la hacemos nuestra:
1.- Exigiendo al gobierno la promulgación inmediata de la ley de consulta previa a los pueblos indígenas y originarios y el cumplimiento de los compromisos asumidos para el desarrollo de la amazonia peruana.

2.- Demandando la suspensión de la entrega de lotes petroleros y concesiones mineras hasta que concluya la titulación de los territorios de las comunidades, con la inclusión de los bosques, y se realice el ordenamiento territorial para garantizar el uso sostenible del agua y la biodiversidad y la protección del ambiente, así como con el reconocimiento del derecho a igual trato y a la identidad étnico cultural.

3.- Defendiendo las organizaciones auténticas de los pueblos indígenas contra el paralelismo y los inmorales propósitos de división que intenta el gobierno, utilizando para ellos los recursos del Estado.

4.- Apoyando la firma de un compromiso de las fuerzas políticas democráticas para investigar y sancionar a los responsables políticos de los sucesos de Bagua: Garcia, Yehude Simons, Mercedes Araoz, Mercedes Cabanillas.

5.- Exigiendo la derogatoria de las leyes que considera criminales a quienes protestan. Diciendo alto a la persecución a los defensores del agua y de la tierra en los andes y la amazonia. Demandando la libertad y corte de juicios a los dirigentes y pobladores indígenas.

Para Tierra y Libertad, nuestro homenaje, también es una reafirmación de compromisos:

Seguiremos promoviendo la unidad más amplia de todas las fuerzas democráticas para derrotar la corrupción aprofujimorista.

Seguiremos luchando para cambiar esta política económica que enriquece a unos cuantos y excluye el resto.

Seguiremos trabajando para transformar el Estado y la democracia, hoy capturados por la voracidad del gran capital trasnacional.

No nos cansaremos de promover la unidad programática de las fuerzas democráticas con los movimientos indígenas-ecologistas-socialistas, los pequeños y medianos empresarios que junto a los trabajadores, mujeres y estudiantes buscamos un Perú con paz, justicia, soberanía y dignidad.


¡¡POR VIDA Y DIGNIDAD, TIERRA Y LIBERTAD!!

Bagua, 05 de junio del 2010

Comisión Política Nacional de Tierra y Libertad
Comité Regional de Amazonas de Tierra y Libertad

lunes, 7 de junio de 2010

Algunos poemas de César Calvo (a modo de homenaje inopinado)



NOCTURNO DE VERMONT

Me han contado también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.
¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?
¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?
O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.
Ni el galope del mar; atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.
Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.
(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena.)
Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.
A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera.
(un silencio de jazz sobre la hierba.)
Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?
¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?
¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia...?


AQUEL BELLO PARIENTE DE LOS PÁJAROS

Aquel bello pariente de los pájaros
que escondía su sombra de la lluvia
mientras tú dirigías
sobre ardientes cuadernos el vuelo de su mano.
El niño que subía
por el estambre rojo del verano
para contarte ríos de perfume,
cabellos rubios y país de nardos.
Tu niño preferido -¡si lo vieras!-
es el alma de un ciego que pena entre los cactus.
Es hoy el otro, el sin reír, el pálido,
rabioso jardinero de otoños enterrados.

¿Y sabiendo esto lo quisiste tanto?
¿Lo acostumbraste al mar,
al sol,
al viento, para que hoy ande respirando asfixias
en un pozo de náufragos?
¿Para esta pobre condición de niebla
defendiste su luz de enamorado?

Poesía, no quiero este camino
que me lleva a pisar sangre en el prado
cuando la luna dice que es rocío
y cuando mi alma jura que es espanto.

Poesía, no quiero este destino.
Llévate tus sandalias.
¡Devuélveme mis manos!

El final de la historia lo dirán las estrellas
y las hojas que cubren mi sueño sepultado.


EL RETORNO

Todos los rostros se desprenden
De nuestros ojos caen como cáscaras los años
Sin embargo debemos sonreír como ese espejo
Donde un soplo borró la imagen más amada
Y desteñidos paisajes se aniegan en lo oscuro

Hasta que sentimos sobre nuestros ojos
Las primeras paladas de tierra
La última caricia inacabable
Y nos reconciliamos con nuestra procedencia

Así ha ocurrido siempre y así tendrá que ser
Y luego de la helada corriente y luego
De enterrada la luna entre sus aguas
En el siguiente día
El mismo solo muere por una sola vez
Caerá como un río sobre campos sin memoria

Cruz Velacuy y la Calle Fierro

El 2 de mayo, como consecuencia de haber recibido el “Cargo” el año 2009 para asumir la celebración de “Cruz Velacuy” el 2010, de la Cruz de la Calle Fierro, del cercado de Cusco, donde vive la familia León Pino Mena, de quienes me considero amigo cercano, de allí que – luego de varios días de preparación – llegó por fin el momento de la celebración.

Todo comenzó – oficialmente - a las 8 de la noche del 2 de mayo, con la misa en el lugar donde se encuentra la Cruz, la misma que fue oficiada por el Padre, quien bendijo la celebración. Luego de servir los tradicionales ponches a los concurrentes, además de la cerveza, ron o pisco, que contrarresten el implacable frío de la época y de la noche de luna llena, se vela a la Cruz encendiendo tradicionales cirios (velas o ceras adornadas con motivos diversos), que se van consumiendo y encendiendo otros a fin que se mantengan la llamas que simbolizan la fe, de allí que todo se lleva adelante con cierta reflexiva algarabía, entre rezos y la alegría típica de una fiesta.


Cada quien lleva los ya aludidos cirios o velas y como ocurre en este tipo de celebraciones, lo primero que hacen es acercarse hasta la Cruz y encender su cera, con la oración que en silencio acompaña los diversos pedidos o agradecimientos.

Tengo entendido que las celebraciones en torno a las cruces no varían mucho una de a otra, ya cada “carguyoc” o “mayordomo” y las familias que las albergan son quienes pueden darle un aspecto característico, aunque pueden existir variaciones de los pedidos y concurrentes a cada Cruz ya que la zona en la cual se desarrolla la celebración resulta determinante (zona de comerciantes, transportistas, etc.).

Como mucho saben, la fiesta de “Cruz Velacuy” se desarrolla entre los días 2 y 3 de mayo y consta básicamente de “velar” la cruz durante la noche y la posterior madrugada y tiene por finalidad rendirle culto a la Cruz cristiana, la misma que en el particular caso de los andes peruanos, están colocadas o erigidas mayoritariamente sobre lugares sagrados de carácter pagano. Su origen se remonta a las primeras décadas del siglo XVIII, por entonces – refieren los historiadores – era una festividad reducida a círculos familiares. Luego de producirse la conquista, la Cruz fue uno de los elementos de lucha ideológica para evangelizar a los americanos y también para facilitar su sumisión, de allí que su adoración y uso fueron obligatorios en el nuevo mundo; los "extirpadores de idolatrías" (sacerdotes católicos) al destruir los santuarios andinos pre colombinos ("idólatras" y "paganos") tuvieron especial cuidado en colocar cruces en su lugar; aunque como se sabe también el evangelizado simplemente creyó tener un elemento de culto más para su religión panteísta.

Lo que me animó a recibir el cargo mencionado es la amistad que me une con la familia que durante años ha mantenido viva la tradición de su festividad, la evidente honestidad de su culto y la necesidad que las tradiciones que contienen el sincretismo andino – cristiano se perennicen a lo largo de los tiempos, retomando elementos sobre los cuales está construida nuestra identidad cultural, identidad que reclamamos se respete y reconozca en todos los ámbitos.

viernes, 14 de mayo de 2010

Descanso vacacional

Hace algunas semanas que no entre al blog para publicar los habituales post, sin embargo debo decir en mi defensa que estuve particularmente ocupado, ya que estoy de vacaciones en la empresa y en las actividades artísticas únicamente por el mes de mayo, claro esta.
En los últimos días - y los post futuros saldrán de esas experiencias - estuve de cargo (Carguyoc) de la festividad de Cruz Velacuy el 2 y 3 de mayo en la Calle Fierro del Cusco, hecho cuyo comentario considero necesario, además que el día 6 de mayo - conjuntamente con otras 9 danzas de Paucartambo - tuvimos (Contradanza de Paucartambo) una breve presentación en Palacio de Gobierno, en Lima, con motivo del lanzamiento nacional e internacional de las Fiestas del Cusco 2010, esa misma noche también nos presentamos en el Museo de la Nación, un auditorio ya conocido por mi ya que en algunas oportunidades canté allí.
En estos días también estuve con la persona que más extraña la caja roja del corazón, de allí también saldrás algunos post sentimentales que espero les gusten.
El domingo, si todo sale como espero, estaré viajando a la ciudad de Arequipa para hacer algunas presentaciones con Jorge Millones.
Como verán, pronto estaré de vuelta comentando cómo nos fue.
Un abrazo y hasta pronto.
Yuri Boluarte