martes, 28 de diciembre de 2010

Feliz Año 2011 Seguidores!!!

Faltan unas pocas horas para que se acabe este año, un 2010 que nos trajo y también se llevó.
Nos trajo nuevos sueños (que acaban de envejecer), cierta inusual dulzura en el aire y todo lo bueno que un ser humano encuentra mientras está vivo. Se llevó los padres de algunos amigos y amigas, se llevó amigos, se llevó algo de nuestra sobreviviente inocencia y parte de la esperanza que pese a todo no terminamos de perder.
Se llevó hermanos en Haití y en otros lugares del planeta… nuestros niños siguieron muriendo de frío en el sur del país.
Exilio Inmóvil solamente intenta ser un pequeño lugar, en esta suerte de mundo paralelo que es el ciberespacio, desde el cual comparto ilusiones, sueños, convicciones, querencias y hasta ciertos dolores. Viejas cicatrices con las cuales hemos aprendido a caminar, aunque a veces nos sorprende y alumbra la dulce luz de luna de unos ojos inolvidables que acarician las noches (sabes que se trata de ti) y creo de nuevo en el mundo. Dicen que un pesimista no es otra cosa que un optimista con experiencia.
Y siempre espero vuestros comentarios.
Por la luz de Chaska y por las canciones que esperan por nacer.
El 2010 Vargas Llosa ganó el Premio Nobel.
El 2010 Susana Villarán ganó en Lima y algunos compañeros de izquierda pensaron que ellos habían ganado.
El 2010 hubo un reality sobre los mineros en Chile (auspicia Lan Chile).
El 2010 murió José Saramago.
A los que leen este Blog y aquellos en los que piensan ustedes - los que lo leen – les deseo de la manera más sincera un feliz año 2011 donde las sonrisas y las buenas noticias sean la característica de cada uno de vuestros pasos.
Con toda gratitud FELIZ 2011
Yuri Boluarte
Exilio Inmóvil

P.D. Juvenal renuncia al Cienciano, eres tóxico para el aire del Cusco. Vamos Julio García, capitán por siempre!!!

martes, 21 de diciembre de 2010

Estas Navidades Siniestras (un artículo de Gabriel García Márquez)

Todavía en 1980, más específicamente el 24/12 (hace 30 años), el escritor que pocos años después ganaría el Premio Nobel de literatura con la novela “Cien Años de Soledad”, escribe el artículo que a continuación reproduzco.El diario que albergó esta suerte de confesión catárquica de Gabriel García Márquez fue “El País” de España. Lo más interesante es la terrible actualidad del tema y quizás es más terrible todavía que en los últimos 30 años nos hayamos - de manera voluntaria o involuntaria – negado a la posibilidad de ver la realidad que se presenta irreversible ante nuestros ojos y aceptemos “a pie juntillas” esta extraña manera de celebrar el nacimiento de alguien que cambió para siempre la historia… ¿se han preguntado qué opinaría Jesús (el del pesebre) si viera en lo que ha convertido su cumpleaños? ¿ha cambiado mucho el panorama navideño de hace 30 años a la fecha?
Estas Navidades Siniestras (un artículo de Gabriel García Márquez)
Publicado en El País, Opinión, 24-12-1980.
Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran. Lo celebran además muchos millones que no lo han creído nunca, pero les gusta la parranda, y muchos otros que estarían dispuestos a voltear el mundo al revés para que nadie lo siguiera creyendo. Sería interesante averiguar cuántos de ellos creen también en el fondo de su alma que la Navidad de ahora es una fiesta abominable, y no se atreven a decirlo por un prejuicio que ya no es religioso sino social. Lo más grave de todo es el desastre cultural que estas Navidades pervertidas están causando en América Latina. Antes, cuando sólo teníamos costumbres heredadas de España, los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grandes que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que Un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén. Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que había de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros, y desde luego era mejor que tantos cuadros primitivos mal copiados del aduanero Rousseau.
La mistificación empezó con la costumbre de que los juguetes no los trajeran los Reyes Magos -como sucede en España con toda razón-, sino el niño Dios. Los niños nos acostábamos más temprano para que los regalos llegaran pronto, y éramos felices oyendo las mentiras poéticas de los adultos. Sin embargo, yo no tenía más de cinco años cuando alguien en mi casa decidió que ya era tiempo de revelarme la verdad. Fue una desilusión no sólo porque yo creía de veras que era el niño Dios quien traía los juguetes, sino también porque hubiera querido seguir creyéndolo. Además, por pura lógica de adulto, pensé entonces que también los otros misterios católicos eran inventados por los padres para entretener a los niños, y me quedé en el limbo. Aquel día como decían los maestros jesuitas en la escuela primaria- perdía la inocencia, pues descubrí que tampoco a los niños los traían las cigüeñas de París, que es algo que todavía me gustaría seguir creyendo para pensar más en el amor y menos en la píldora.
Todo aquello cambió en los últimos treinta años, mediante una operación comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una devastadora agresión cultural. El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los gringos y los ingleses, que es el mismo Papa Noel de los franceses, y a quienes todos conocemos demasiado. Nos llegó con todo: el trineo tirado por un alce, y el abeto cargado de juguetes bajo una fantástica tempestad de nieve. En realidad, este usurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen san Nicolás, un santo al que yo quiero mucho porque es el de mi abuelo el coronel, pero que no tiene nada que ver con la Navidad, y mucho menos con la Nochebuena tropical de la América Latina. Según la leyenda nórdica, san Nicolás reconstruyó y revivió a varios escolares que un oso había descuartizado en la nieve, y por eso le proclamaron el patrón de los niños. Pero su fiesta se celebra el 6 de diciembre y no el 25. La leyenda se volvió institucional en las provincias germánicas del Norte a fines del siglo XVIII, junto con el árbol de los juguetes. y hace poco más de cien años pasó a Gran Bretaña y Francia. Luego pasó a Estados Unidos, y éstos nos lo mandaron para América Latina, con toda una cultura de contrabando: la nieve artificial, las candilejas de colores, el pavo relleno, y estos quince días de consumismo frenético al que muy pocos nos atrevemos a escapar. Con todo, tal vez lo más siniestro de estas Navidades de consumo sea la estética miserable que trajeron consigo: esas tarjetas postales indigentes, esas ristras de foquitos de colores, esas campanitas de vidrio, esas coronas de muérdago colgadas en el umbral, esas canciones de retrasados mentales que son los villancicos traducidos del inglés; y tantas otras estupideces gloriosas para las cuales ni siquiera valía la pena de haber inventado la electricidad.
Todo eso, en torno a la fiesta más espantosa del año. Una noche infernal en que los niños no pueden dormir con la casa llena de borrachos que se equivocan de puerta buscando dónde desaguar, o persiguiendo a la esposa de otro que acaso tuvo la buena suerte de quedarse dormido en la sala. Mentira: no es una noche de paz y de amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere. La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos aplazados por indeseables: la invitación al pobre ciego que nadie invita, a la prima Isabel que se quedó viuda hace quince años, a la abuela paralítica que nadie se atreve a mostrar. Es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones. Es la hora feliz de que los invitados se beban todo lo que sobró de la Navidad anterior: la crema de menta, el licor de chocolate, el vino de plátano. No es raro, como sucede a menudo, que la fiesta termine a tiros. Ni es raro tampoco que los niños -viendo tantas cosas atroces- terminen por creer de veras que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

"Este sistema va a matar al artista", entrevista a Fernando Delgadillo


El año 2002, el cantautor mexicano Fernando Delgadillo concede a “Segundo Enfoque” la entrevista que a continuación posteo, interesantes aspectos sobre los cuales el autor de “Ten miedo de mi” expresa sus puntos de vista.
Debo indicar que hace cerca de 20 años conocí las canciones de Fernando Delgadillo gracias a una cinta que “la mujer más dulce del planeta” me prestó y yo nunca devolví. Por supuesto hasta ahora conservo la cinta y tiene mucho más que canciones.
Aquí la entrevista (antes que me asalte la nostalgia).

"Este sistema va a matar al artista" (Por Jairo Straccia)

Disfruta más al escribir que al cantar. Segundo Enfoque lo entrevistó en exclusivo y habló de política, de los contrastes del planeta, y por supuesto también de su arte. Contó cómo es crear en un mundo acelerado donde la ambición y el dinero parecen valores primordiales. Sabe que hay gente a la que pueden urgirle canciones. “A lo mejor mis canciones pueden sembrar ideas”, dice.
Cantante bohemio de 36 años. Vive de andar de gira por México con la guitarra bajo el brazo. Aunque desearía que le bastara con inventar canciones, nada más. Con pelo largo y algo de barba, entre discos de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y otros trovadores compatriotas suyos, es un exponente de temas rebeldes, de los que ya quedan pocos.
Empezó con el folklore porque le gustaba la percusión y era más accesible un bombo legüero que una batería para el rock and roll. Allí dio los pasos iniciales en la música. Aunque no era sólo música.
¿Cuándo comenzaste a cantar?
A hacer canciones empecé hace unos diecisiete años. Cantar he cantado toda la vida. Desde niño, creo que me gustaba eso de las canciones y ese sueño en el que cae el que está cantando y a veces también los que están cantando con uno y que comparten la canción. Por esa especie de acto de ilusionismo cuando se está haciendo una canción.
¿Empezaste por el folklore?
Sí, estábamos tocando en ese tiempo canciones de Quilapayún, también nos gustaba mucho la canción chilena y la cantábamos mucho. Había cosas que hacían que me pudiera acercar a esa canción que hablaba de las diferencias, de las fronteras humanas. Y después pensando primero en los demás, me acercó un poco el humanismo, el asunto de la fraternidad, no sólo buscar la libertad, ni sólo la igualdad, sino la fraternidad. Y empecé a escribir canciones, o a intentar hacerlo. Tenía como 22 años.
¿Qué disfrutás más: componer la canción o cantarla en un escenario?
Definitivamente hacerla. Me gusta más que estar cantando ante un público. El trabajo de la composición es lo que más me gusta. Pero de lo que puedes vivir es de cantar, no de estarlas haciendo, por lo menos en este momento.
¿Cuándo escribís, lo hacés espontáneamente o elegís un momento?
Las intento forzar pero casi nunca me sale nada. En esta vida común, sobre todo trabajando en esto de andar cantando, de repente no me vienen ideas. Cuando me vienen, las anoto. La verdad es que las mejores cosas que he podido concretar han sido cuando tengo una idea de algo y me pongo a trabajar la música. Sobre el ritmo escribo la letra y ya sobre la letra le hago la música completita. Un poco se van haciendo unas con otras.
Habitualmente, ¿escribís muchas canciones de golpe?
A veces tengo una idea y lo que me pasa es que me puedo tardar hasta dos años en hacer la canción. Tengo muchas canciones empezadas y de repente tengo alguna idea para terminarla. Me he ocupado en hacerlas bien, más bien como me gustarían a mí, que me cuesta mucho trabajo, antes de hacerlas por hacerlas nada más.
¿A qué le escribís?
Tengo cuatro géneros: el amor, el humor, lo social y lo vivencial. En torno a esto hago conjugaciones, y así es como he hecho mis canciones. Hay temporadas en que andas de buenas, otras que andas con penas y desdichas y yo creo que se va uno enriqueciendo de esos momentos. Enriqueciendo sólo de canciones... (risas).

Rebeldía musical
Mientras el periodista argentino pregunta con un porteño y prepotente “vos”, el artista mexicano responde con un amable “tú” que resalta las disparidades lingüísticas dentro de América Latina. Sin embargo, Fernando se muestra preocupado por las desigualdades sociales y acostumbra a volcarlo en las letras de sus temas.
¿Te considerás un cantante de protesta?
Creo que tengo una parte en mí que está en constante rebeldía. Ha sido así toda mi vida, no por moda o porque me parezca atractiva la posición de la protesta. Es que este mundo está todo mal y de cabeza. No sé si lo pudiera poner bien si me dieran las riendas, pero al menos uno puede señalar lo que no le parece y lo que uno alcanza a ver desde su punto de observación.
¿Creés que podés cambiar algo con tus canciones?
Pues yo no creo que se pueda cambiar nada. Uno está haciendo canciones y pone en ellas lo mejor de uno mismo, pero no estoy muy seguro de que puedan llegar a cambiar algo. A lo mejor, pueden sembrar ideas, eso es lo que sí podrían hacer. Quizás haya gente que responda de acuerdo con lo que estoy diciendo o en contra, pero que se le haga un criterio. Es un poco la intención de las canciones sociales que puedo llegar a hacer, que tengan algo que ver con eso, con una opinión personal que se pueda discutir en una casa o en una mente.
¿Estás afiliado a algún partido político?
No me he declarado por ningún político. Creo que el hombre es tan variable, que incluso alguien con quien puedes estar completamente de acuerdo en un momento, esa persona cuando recibe poder va a cambiar mucho. Depende de su formación, de cómo fue su infancia y su adolescencia, de qué cosas tiene encima, qué cosas terribles le han pasado, no sé.
¿Una salida todavía puede ser el socialismo?
Creo que el hombre tiene que evolucionar. El socialismo promueve mucho la igualdad, pero se le olvida la fraternidad, y por eso tiene diferencias y grandes abismos en la libertad. Y yo veo que el capitalismo tira a la pura libertad y crea sólo diferencias sociales abismales, porque precisamente le viene faltando la fraternidad, entender que el hombre sigue siendo hermano del hombre. Habría que considerarnos terrícolas, del planeta Tierra, para ayudar al que le falta y para compensar un poco.
¿Estas diferencias se ven mucho en México?
Claro, todo el tiempo lo ves. Aquí en ciudad de México la gente más o menos vive. Puede tener o anda buscando alguna oportunidad económica. Pero en el campo hay mucha miseria, hay gente que muere de hambre.
A la distancia, “el mexicano” promedio -que aparenta estar conforme con su realidad- no parece ser el espectador que uno imagina para tus canciones, muchas veces rebeldes o cuestionadoras.
México es un país de países. Y hay mucha gente, la mayoría, que piensa así como tú dices, pero aquí en Ciudad de México somos más de 25 millones. Hay muchas y diferentes culturas dentro de una misma. También hay mucha gente a la que pueden estar urgiéndole canciones.
¿Qué visión se tiene en México de los EE.UU.?
Hay mucha gente que está completamente de acuerdo con todo lo que Estados Unidos diga. Creo que es la gente en el poder básicamente. Hay gente que está de acuerdo con otras teorías, con otras ideas, que tienen que ver con el crecimiento general de la gente, pensando en los que menos tienen, a los que no les hace falta tanto la tecnología que pueda aportar el comercio o todo este sistema económico de EE.UU.
¿En cuál de esas posturas te inscribís?
Mi opinión la podría poner con ese refrán que aquí en México dice : “Pobrecito de mi país, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

Dilema
Fernando muestra otra vez el dilema de muchos que se rebelan contra el statu quo: ¿dar pelea por los medios que genera el propio sistema, o salirse de él para gestar un cambio desde afuera? En su obra ofrece una irónica canción a los que se venden como cantores rebeldes y resultan ser más felices que ninguno en ese puesto, pero que en realidad prefieren no modificar nada.
¿Qué le criticás al cantante de protesta ?
Le critico participar de ese estado de moda que fue la protesta y luego haberse convertido completamente al sistema. Esto puede parecer como que toda la gente que protesta puede llegar a cambiar y volver del lado al que estuvo criticando. Me parece que he visto muchos casos así. Sin embargo, no creo que todos por fuerza tengan que terminar del mismo modo.
¿Se puede cambiar al sistema desde adentro, o hay que salir de él para promover otras alternativas?
Yo lo vería así: si estás dentro del sistema y lo estás criticando, más probable es que termines convenciéndote de que estaba bien.
¿Adherís a la propuesta del Subcomandante Marcos?
Me parece que está de maravillas. Me interesa mucho todo el tema de los zapatistas. Sostienen que los pueblos indígenas necesitan autonomía, necesitan manejarse por sus propias leyes, ya que ellos tienen leyes anteriores todavía al sistema europeo que tenemos en México, a este occidentalismo en el que se convierte México después de la conquista. Ellos se consideran como nación indígena y la Constitución dice que hay una para todos los mexicanos. Eso es lo que se contrapone, y por eso no se arregla. La Constitución dice una cosa y ellos quieren su autonomía, su propio México que consideran que es donde nacieron y que culturalmente se merecen.
Un sistema económico como el que venís criticando, ¿puede afectar al arte, a la canción?
Puede llegar a matar al artista. Creo que es adonde llegará, porque el artista necesita tiempo para poder hacer obras artísticas, si no se vuelven más bien artesanales. Van a estar vendiendo y cumpliendo la función de estar al alcance de todas las radios, para funcionar en un sistema económico. Las compañías, por ejemplo, a mí me pedían que hiciera un disco al año, pero a veces no tengo canciones buenas en un año, necesito año y medio, o necesito dos año para tener un buen disco

viernes, 10 de diciembre de 2010

Jorge Millones Sánchez en Imágenes

Algunas fotos de Jorge Millones Sñanchez, con Camilo Félix, en la casa de Eleonor Weiss y Vladimiro Valer. Junto a su hijo Jorge Millones.

GRACIAS POR LOS RECUERDOS !!!!




viernes, 3 de diciembre de 2010

Jorge Millones habla de Jorge Millones


El 12/11/2010 publiqué en este Blog un post acerca del papá de un gran amigo: Jorge Millones. Días después recibí un correo – a modo de extensión y agradecimiento - que publico literalmente a continuación, con el cariño que estas letras merecen.

HERMANO YURI
Mi familia, y especialmente yo, te agradecemos esta nota tan sentida sobre la memoria de mi padre, o “…api” como bromeaba él sobre sí mismo. Es imposible recordarlo y no sonreír, pensar que solamente está de viaje en una gira con su guitarra sacándole canas verdes a los ángeles o haciendo trasnochar al mismísimo San Pedro que a esta hora y con resaca, debe haber olvidado donde están las llaves del cielo. Jorge se las debe haber escondido.
Jorge Millones pensaba un poco como tú, eso de que “horas dormidas son horas perdidas”, y bueno, cuando salía el sol a pesar de la trasnochada, ya no podía dormir. Siempre aguantaba más que yo, terminaba llevándome a dormir, y eso que yo era más joven. Pero no está demás el dicho de “más sabe el diablo por viejo…”
Mi padre podía estar días enteros cantando (y tomando, “para no marearse”) porque fue forjado en la tradición de la jarana criolla. Hablaba con una naturalidad de maestros de la guitarra criolla que estuvieron con él en múltiples jornadas o “trancas asesinas que se curaban con un criollazo caldo de gallina” en los Barrios Altos y en La Victoria. Yo alcance a ver y sentir un poco de ese aroma, de ese tiempo. Eran códigos de caballeros, caballeros cantores y era muy difícil entrar, ganarse el respeto de los viejitos era muy complicado, porque no bastaba con tocar bien, sino que además tenías que tener esa chispa y esa agilidad mental para responder las bromas y las chapas que te podían caer como un huayco. Si no pasabas esa prueba, simplemente no existías. Pero mi padre tenía una vocación enfermiza por el pasado, por registrar en su memoria no sólo las canciones, sino las historias, la gente, las comidas, la vida que fue la matriz de las canciones. ¡Qué tal memoria! Los viejitos pensaban que él había estado en esas épocas, pero no, mi viejo solamente averiguaba mucho; cuando los viejitos se daban cuenta que era “más muchacho” ya era tarde, porque ya lo querían irremediablemente.

Lecciones
Una vez algunas personas me invitaron a una reunión musical, era un pequeño homenaje que me querían hacer por mis canciones. Yo accedí gustoso, papá me acompañó (“¿Puedo ir? No tengo nada qué hacer”) Y llegamos los dos a esa reunión. Cante algunas canciones y cuando descansamos un rato en medio de los elogios y salud, salud, Jorge tomó la guitarra. Empezó con piques y punteos criollos. Se hizo un silencio. Alguien dijo “¡Chucha, la cagada!” y mi viejo dijo “por ahí no es”, todos se rajaron de risa. Empezó a cantar aquella hermosa canción de Pinglo “El espejo de mi vida”, y del segundo piso bajaron unas señoras muy viejitas, en voz bajita me murmuró: “Mira, bajaron las momias, seguro dejaron abierto el museo”. Yo enterré la cara en el pecho para que la carcajada no nos delatara. “Qué gusto señor, un momentito, por favor, vamos a traer al abuelo” y bajaron las señoras con un caballero metido en un terno muy antiguo, con sombrero y bastón. ¡Qué pinta la de tío! Desde ese día se me pegó el gusto por los sombreros. Lo que vino después ya te lo imaginas, canciones y anécdotas muy lindas y de comienzos del siglo XX, pero mi papá, nunca estuvo allí. Al menos hasta donde yo sé.
Cuando decían “¡salud maestro Millones!” era evidente que no se referían a mí, pase a segundo plano, después de algunas horas notaron que yo también estaba allí, ya no quería cantar por obvias razones, pero además fue una lección, el público que escuchaba la mal llamada “música trova” estaba cautivado por Jorge, +entendí que el meollo de este asunto no es el género, ni siquiera la destreza, sino encontrar el espíritu de la canción y hacerse un todo con él. Me sentí orgulloso y lamenté haberme dedicado a otras cosas antes que no fueran aprovechar el bagaje de Millones. En el último tramo, mi padre y yo, y tú eres testigo, nos hicimos amigos, “patazas”, como lo somos tú y yo, al punto de que también fue tu amigo, y tuvimos la suerte Camilo, tú y yo, de ser “colegas” de la canción, de vibrar con la música y de compartir el escenario y la vida.

¿Por qué “todos los días”?
Alguna noche en la sala de mi casa, estaban el vecino Lucio, un borrachín del barrio con mi papá. Este vecino -que no solía decir salud, sino ya sabes qué- entre tragos y canciones este le contó a mi padre algunas historias. Mi papá cantaba con la guitarra y Don Lucio de vez en cuando decía “todos los días” en lugar del típico “salud”. Aunque hablaban fuerte no les presté atención porque estaba en el comedor con 11 años y metido en mis dibujos sobre la Segunda Guerra Mundial, sufriendo tratando de copiar detalladamente un Junkers Ju 87 de la Luftwaffe con todos sus pernos y metralletas. Pero ahí resonaban las risas, chistes, anécdotas, algunas lágrimas, abrazos, canciones, apretones de manos en fin, tú ya sabes de esas cosas. Desde esa vez, Jorge Millones dijo siempre “todos los días”. ¿Qué cosa le dijo Lucio? Mi padre se fue con ese secreto, que por cierto nunca se lo pregunté porque pensé que iba haber tiempo para eso, no hubo. Prefiero imaginar (o quizás lo recuerdo vagamente) que ahogaba en tragos y música una gran pena de amor, que todos los días hay que honrar la vida, que todos los días hay que ser felices, que todos los días hay que amar y procurar que nos amen, que todos los días hay que cantar, tomar y comer, hasta que el cuerpo aguante. Para mí, “todos los días” es eso, pero le agrego una de mi cosecha desde que papá se fue, todos los días: te recuerdo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Hans Küng. Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo


El diario español “El País”, en abril del presente año, publicó la carta que a continuación pongo a vuestra consideración. Firmada por Hans Küng y que constituye una será reflexión respecto del papel del Vaticano en las relaciones de la iglesia católica con las sociedades en general. Küng, en anteriores oportunidades, puso de manifiesto su abierta crítica al pontificado de Juan Pablo II.
Extraído del diario “El País”, abril de 2010.

Hans Küng es un Teólogo muy controvertido dentro de la iglesia católica. Junto con Ratzinger, fueron los teólogos más jóvenes del Concilio del Vaticano II. Los dos han coincidido en la Universidad Tubingia, donde han estudiado o impartido clases importantes políticos (Horst Köhler , presidente de alemania), poetas (Friedrich Hölderlin), filósofos (Friedrich Schelling y Georg Wilhelm Friedrich Hegel) y representantes de las dos grandes iglesias en alemania: protestantes (Ferdinand Christian Baur) y católicos (Joseph Ratzinger).
Hans Kúng siempre ha estado en contra de la autarquía papal y a favor de aplicar la renovaciónes el concilio, cosa que Ratzinger ha hecho caso omiso. En su momento Hans Kúng se le prohibio dar clases por su pensamiento. Si la Iglesia (y con iglesia me refiero al grupo de poder) dejara de pensar como en el medievo y permitieran a teólogos como Hans hablar hablar, quizá les fuera de otra manera, pero claro ellos se creen los representantes de Dios en la tierra. Y mucha culpa la tiene quienes les siguen, aquellos que se creen cristianos de verdad, los que dicen tener la verdad y no respetan a los demas, aquellos que siguen a alguna congregación o secta dentro de la Iglesia, de las cuales ahora se ponen en entre dicho con la actitud asquerosa y deplorable de sus cabecillas.
Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo
HANS KÜNG 15/04/2010
Estimados obispos,
Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 1965 los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.
Aprecié mucho que el papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.
Mis esperanzas, y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor. Pero en lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no como el de las ocasiones aprovechadas:
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al islam como la religión de la violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de los musulmanes.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos "anhelaban" la religión de sus conquistadores europeos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.
- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.
Este último punto, estimados obispos, es especialmente grave. Una y otra vez, este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio. Incluso se sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:
- Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.
- Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.
- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.
- Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.
El Papa Benedicto XVI parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.
Sé que algunos de vosotros padecéis por el hecho de que el Papa se vea plenamente respaldado por la curia romana en su política anticonciliar. Esta intenta sofocar la crítica en el episcopado y en la Iglesia y desacreditar por todos los medios a los críticos. Con una renovada exhibición de pompa barroca y manifestaciones efectistas cara a los medios de comunicación, Roma trata de exhibir una Iglesia fuerte con un "representante de Cristo" absolutista, que reúne en su mano los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, la política de restauración de Benedicto ha fracasado. Todas sus apariciones públicas, viajes y documentos no son capaces de modificar en el sentido de la doctrina romana la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual. Ni siquiera los encuentros papales con la juventud, a los que asisten sobre todo agrupaciones conservadoras carismáticas, pueden frenar los abandonos de la Iglesia ni despertar más vocaciones sacerdotales.
Precisamente vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato. La renovación sacerdotal, aunque también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias vacíos. En algunos países, debido a la carencia de sacerdotes, se finge una reforma eclesial y las parroquias se refunden, a menudo en contra de su voluntad, constituyendo gigantescas "unidades pastorales" en las que los escasos sacerdotes están completamente desbordados.
Y ahora, a las muchas tendencias de crisis todavía se añaden escándalos que claman al cielo: sobre todo el abuso de miles de niños y jóvenes por clérigos -en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y otros países- ligado todo ello a una crisis de liderazgo y confianza sin precedentes. No puede silenciarse que el sistema de ocultamiento puesto en vigor en todo el mundo ante los delitos sexuales de los clérigos fue dirigido por la Congregación para la Fe romana del cardenal Ratzinger (1981-2005), en la que ya bajo Juan Pablo II se recopilaron los casos bajo el más estricto secreto. Todavía el 18 de mayo de 2001, Ratzinger enviaba un escrito solemne sobre los delitos más graves (Epistula de delitos gravioribus) a todos los obispos. En ella, los casos de abusos se situaban bajo elsecretum pontificium, cuya vulneración puede atraer severas penas canónicas. Con razón, pues, son muchos los que exigen al entonces prefecto y ahora Papa un mea culpa personal. Sin embargo, en Semana Santa ha perdido la ocasión de hacerlo. En vez de ello, el Domingo de Ramos movió al decano del colegio cardenalicio a levantar urbi et orbe testimonio de su inocencia.
Las consecuencias de todos estos escándalos para la reputación de la Iglesia católica son devastadoras. Esto es algo que también confirman ya dignatarios de alto rango. Innumerables curas y educadores de jóvenes sin tacha y sumamente comprometidos padecen bajo una sospecha general. Vosotros, estimados obispos, debéis plantearos la pregunta de cómo habrán de ser en el futuro las cosas en nuestra Iglesia y en vuestras diócesis. Sin embargo, no querría bosquejaros un programa de reforma; eso ya lo he hecho en repetidas ocasiones, antes y después del concilio. Sólo querría plantearos seis propuestas que, es mi convicción, serán respaldadas por millones de católicos que carecen de voz.
1. No callar: en vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma!
2. Acometer reformas: en la Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los fieles.
3. Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los Hechos de los Apóstoles,donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.
4. La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto, vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que "decirle en la cara que actuaba de forma condenable" (Gal 2, 11)! Una presión sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo.
5. Aspirar a soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos. Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis, es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:
6. Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta hará ahora cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.
La apelación que os dirijo en vista de esta Iglesia en crisis, estimados obispos, es que pongáis en la balanza la autoridad episcopal, revalorizada por el concilio. En esta situación de necesidad, los ojos del mundo están puestos en vosotros. Innúmeras personas han perdido la confianza en la Iglesia católica. Para recuperarla sólo valdrá abordar de forma franca y honrada los problemas y las reformas consecuentes. Os pido, con todo el respeto, que contribuyáis con lo que os corresponda, cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si es necesario, también en solitario, con "valentía" apostólica (Hechos 4, 29-31). Dad a vuestros fieles signos de esperanza y aliento y a nuestra iglesia una perspectiva.
Os saluda, en la comunión de la fe cristiana,
Hans Küng.
Traducción: Jesús Alborés Rey

viernes, 12 de noviembre de 2010

TODOS LOS DÍAS


Le decías ¡salud!!!, él respondía ¡todos los días!!!
Esto sucedía en medio de las canciones que como viejo criollo había cultivado desde pequeño y ahora compartía con nosotros, llenando nuestra memoria de recuerdos mágicos que ahora invocamos como sueños - que de puro buenos - hasta parece que nunca pasaron por nosotros… pero sí pasaron, estoy seguro.
Cuando me asaltan esas dudas, llamo a Camilo Félix o a Elsita Valer o Eleonor Weiss y me confirman de la existencia de ésos días. No me gusta llamar para esos efectos a Jorge, su hijo, porque aún no me siento capaz de preguntarle por su dolor, esa confusión entre orfandad e impotencia, entre la alegría del recuerdo y la resignación ante la muerte. Después de una sonrisa, una lágrima.

Una tarde, nos juntamos Jorge y yo, su Papá y el mío. Nuestras guitarras sonaban cubiertas de desconocidos valsecitos criollos que entre ambos se hacían vida. Los viejos habían vuelto a ser jóvenes, a pasear por Barrios Altos, Cinco Esquinas, la Iglesia de Santa Clara… Por momentos parecía que Chalo Reyes les acompañaba desde una esquina de la sala donde todo eso ocurría. Era una tarde de diciembre, cerca de otro evento memorable: el año nuevo del 2007.
Jorge Millones Sánchez le ponía el toque de humor y criollismo a cualquier momento, por más formal que fuera éste. Claro, cuando tenía que apoyar nuestras ausencias trovadoras, allí estaba… una maravilla de gente.

Gracias Jorge Millones Sánchez por haberme permitido compartir tu alegría, por haberme enseñado que no hay mal trago en buena compañía, que el criollismo existe y que con tu recuerdo seguirá existiendo… ahora suena dentro de mi cabeza y sobre todo en el corazón la canción que le cantabas a mi Papá:

SECRETO (A.B)

En esta tarde triste yo te espero,
tú vendrás hacia mí con tu ternura;
yo te diré lo mucho que te quiero
oprimiendo tus manos con dulzura.

Porque te quiero, sabes; tú lo ignoras.
El amor en mi pecho está escondido;
las veces que me has dicho que me adoras
¿no has notado que yo te he sonreído?

Sin embargo tú no has adivinado
el misterio que encierra esta sonrisa;
quiero ocultar lo mucho que he llorado
es un sollozo que quiere ser risa.

Tú, solo tú, aunque parezca extraño
podrás curar esta secreta herida,
esta herida que me hace tanto daño,
pues simboliza una ilusión perdida.

Tú, con la magia azul de tu ternura,
protegerás mi juventud dolida
y harás que broten rosas de ventura
en el árbol sombrío de mi vida.

Gracias por que tienes un hijo y dos nietos maravillosos. Con tu hijo (el Jorge Millones Valdivia) seguiremos llevando a cabo el viejo y siempre feliz ejercicio de recordarte como un símbolo de alegría, como una bandera de sonrisas… todos los días.