jueves, 1 de marzo de 2012

Tres más (poesía de Juan Gonzalo Rose)

Quizás lo mejor de los poemas sea su permanencia en el tiempo, Juan Gonzalo Rose nos dejó un lejano 12 de abril de 1983, cuando la vida pasaba en blanco y negro...

Nata natal

Yo te perdono, Lima, el haberme parido
en un quieto verano
de abanicos y moscas.

Por varias veces fuime
lejos de tu pechuga y conocí avenidas
con el pelo rapado,
divanes consumidos por las pulgas
prendadas de mi cuero; pero también hamacas
colgadas de la luna.

Y en todas partes, Lima, te extrañaba.
Más que pasión
la mía, es tu mala costumbre de quererme
casi sin consultarme, de servirme en la cama
garrafas de agua viva
traídas por doncellas
y pajes malandrines.


Yo te perdono, antigua, tu chochera conmigo,
mi chochera contigo, nuestros ambos cariños
al pie de la mampara.

Tristes reliquias somos
de un hermoso país
que jamás conocimos.


Tocata y Fuga
Te busco, Muerte. Te busco
y no te encuentro.

Entre la nada te busco
y te busco
entre la gente.


Y no te encuentro.

Pero cuando tú
me busques...
todo será diferente.


El vaso
Roto ha de estar, supongo,
el vaso cojo de mi antigua casa.
¡Cómo ha podido contener, él solo,
el agua toda que bebí en mi infancia!

Alguna mano familiar y amiga
debió romperlo —una tarde, acaso—,
y toda el agua de mi infancia rota
cayó en mi alma, viuda de ese vaso.


No lo neguéis (mamá, no ha sido adrede):
desde aquí estoy viendo,
parado y solo en terraplén extraño,
el agua de mi infancia derramada.


Así como yo cuido mi corazón, cuidadme
los amados objetos de ese reino
que edifiqué con risa ya llorada.


Ayer —no me lo dijo nadie: lo he sabido
como se advierte el olor del llanto
en la cama de hotel que nos cobija—,
alguien ha roto el vaso donde un niño
supo peinar la sed de lo jugado.


Por eso insisto:
guardad las cosas del que está lejano,
defendedlas de los vuelos terribles de la mano.


Estar ausente tantos años hace
sentirse un muerto al vivo más presente,
y por eso perdono (yo, el culpable)
tanto naufragio,
tanta rotura de alma impunemente.


Pero el vaso, no; el vaso, nunca:
otros vasos habrá, pero ninguno
que conserve los versos de la fuente

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